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ENTREVISTA AL
SUBCOMANDANTE MARCOS
POR GABRIELA COUTIÑO
Julio 9, 1994


Selva Lacandona, Chis., 9 de julio.- Sólo un gran movimiento social que vaya a las urnas el 21 de agosto y manifieste su desacuerdo con el partido de Estado, podrá evitar que estalle la guerra, tal vez generalizada, quizás escalonada o dispersa, si no se da un cambio democrático y profundo, advierte el subcomandante Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Marcos precisa: "El gobierno nunca va a dar nada que no le obligues a dar". El problema de las elecciones no es un problema de buena voluntad del gobierno o de un personaje que esté en la Secretaría de Gobernación. El problema del cambio democrático es que la gente obligue al gobierno a no hacer fraude.

En entrevista con EL FINANCIERO, Marcos dice: Es tan sencillo el asunto. Cuando los ciudadanos vean que tienen un espacio para manifestarse, ya no es necesario levantarse en armas; pero si les cierras todas las puertas, pues se van a alzar, y ya no sólo los indígenas sino también otros sectores.

"Porque ya no es posible seguir diciéndole a la gente: vamos a seguir con el mismo proyecto económico, pero ahora nos llamamos de otra forma, o es otro partido, y eso ya no se va a aceptar", dice Marcos. Tiene que haber un cambio en los tres sentidos, en el rumbo económico, en cuanto a la justicia y en lo político, a democracia y libertad.

En medio de la experiencia inquietante y la sensación agradable que resulta encontrarse sentada al lado (aunque esto ha ocurrido en varias ocasiones) del personaje de pasamontañas de mirada apacible y clara de sus ojos color miel, el jefe militar habla pausado pero con seguridad:

"Nosotros insistimos mucho en un cambio profundo, no de un viraje que en nada va a dejar satisfecha a la sociedad". O de una alternancia del poder, porque seguirá el mismo partido de Estado. El cambio debe de ser democrático, que se acabe la dictadura, 'esa forma de hacer política' y se empiece una forma nueva".

Bueno... eso es lo que nosotros vemos. Pero el problema no somos nosotros los zapatistas. Porque luego dicen: "los zapatistas se quieren erigir como los jueces de las elecciones y que si no sale el que les gusta entonces se van a alzar en armas". No, estamos señalando lo que está pasando en otros estados, las cartas que nos llegan dicen que esa paciencia ya se acabó.

Estamos viendo en muchos sectores del país lo que a nosotros nos pasó en diciembre de 1993. Cuando vimos que ya no se podía, tuvimos que hacerlo y lo hicimos, y ése es el mismo razonamiento que se está dando no sólo en los sectores más empobrecidos como el indígena, sino también en los acomodados que están inconformes por la falta de libertad política, económica, que los está afectando, orillando y arrinconando en muchos sentidos, afirma.

Aunque Marcos reconoce: "Nosotros en términos militares no somos problema. Entonces qué amenaza podemos dar. No somos problema en términos militares porque estamos cercados. El Ejército sabe que en 'términos militares' puede cuando menos sacarnos de la cañada en un movimiento rápido".

Entonces --agrega--, eso que nosotros los zapatistas, fuerzas militares que están en la Selva, amenacen la estabilidad del país, no es cierto. Lo que estamos diciendo es que hay otras fuerzas en otras partes que pueden levantarse legítimamente y pueden degenerar una situación de guerra civil, fuerzas que estarán fuera de control, que pueden agarrar objetivos civiles, se vayan por el vandalismo, por el terrorismo, por el bandidaje, y ya no por la lucha como la de los zapatistas.

Que después de todo, pues son violentos, son los transgresores de la ley, pero tienen palabra. Se puede hablar con ellos y pues, cuando dicen algo lo cumplen y de eso no hay duda --dice el Sub--, ya lo demostramos.

Por eso insistimos, puntualiza el jefe militar del EZLN, que para que se puedan dar transformaciones en nuestro país sólo puede ser un gobierno de transición, que se comprometa a mantener una cosa mientras se abre ese espacio democrático, se crea una nueva Constitución, una nueva regla de hacer política, de tal forma que los grupos políticos, los indígenas, todos los ciudadanos tengan un espacio para manifestarse y ya no sea necesario levantarse en armas.

La conversación transcurre en medio de un verde valle de la Lacandona. Bajo la sombra de un árbol y el verde tapiz del pasto. Al subcomandante Marcos parece no preocuparle la gran carga de responsabilidad que pesa sobre sus espaldas. Bromea, ríe, coquetea con las reporteras.

Insiste: el gobierno ahorita está viendo cómo le hace para preparar el fraude, para hacerlo menos escandaloso, porque ahora tiene dificultades y busca cómo darle un maquillaje. No quiere entender que la sociedad quiere el cambio. Que ya no es posible seguirle diciendo a la gente, "espérate, acepta unas cuantas concesiones, a ver si la próxima vez un poquito más", y así.

Otra posibilidad, plantea Marcos, es: "ahora está viendo a quién se le ocurre asesinar, como lo hizo con (Luis Donaldo) Colosio para darle un balde (cubeta) de agua fría a la gente, para meterle miedo y tratar de convencerla de que es mejor quedarse como están".

Llegan las elecciones y la gente por miedo no va a votar, por lo que sea, seguramente hay fraude, se impone al candidato y entonces empieza el descontento en muchas formas.

Pero si por el contrario, los comicios se dan claros, la lucha armada no tendrá efectividad, no tendrá respuesta social, se pierde todo sentido de ésta, haces un desarme natural sin pedir las armas y las cosas se empiezan a desactivar hasta que pasa a ser un conflicto muy lejano.

Con seguridad asienta Marcos: "De veras, aunque tengas un ejército de millones no tendrá efecto pues el golpe militar y la gente ya no verá con esperanza a un hombre armado, ni encapuchado, que está diciendo lo mismo que ellos quieren decir. Que tiene una arma en la mano, que si no le cumplen va a pelear".

Pero ahora no es el momento de tirar tiros, es el momento de hacer lucha política y una de las cuales es la electoral, la defensa de la voluntad, no por quién vas a votar, sino evitar que haya fraude, es hora de defender lo que sea, defender el resultado.

Marcos, el hombre que actúa como piensa, se encuentra muy ocupado en los preparativos de la Convención Nacional Democrática que tendrá lugar en Aguascalientes, Chiapas. Con modestia y sencillez responde a las curiosidades de las mujeres.

Ríe, "no tengo tiempo para deprimirme", pero cuando estoy triste voy y me escondo, se cierran los retenes. Con sensibilidad innata agrega: "Creo en nuestra lucha, amo a mi gente. Me preocupo mucho por ella, por lo que le pueda pasar, por lo que no le pueda pasar, por lo que pueda lograr y que valga la pena lo que logre. Como tu familia, ¿tú te preocupas por tu familia? Bueno, pues igualmente ellos son mi familia. Nada más que son un chingo. Varios miles".

"¿De la Convención? Mira, en un principio fue un desmadre. Aunque en la Segunda Declaración de guerra se aclaró para qué era la Convención, pero se han ido aclarando las cosas. Ahorita ya contamos con varios grupos civiles importantes, tenemos contacto con estudiantes, obreros, campesinos, colonos; los intelectuales como siempre están llegando tarde.

"Pero ya tenemos representatividad en todas las regiones del país que componen los sentidos sociales. De manera que la medida a la que se está llamado de buscar una lucha y ejercerla, va a tener éxito, fuerza en la sociedad civil y que se insista en la lucha pacífica electoral".

Marcos aclaró que la Convención no es para promover el abstencionismo o la lucha armada, sino que se insista en demandas mínimas de convocatoria como es la demanda de un Congreso Constituyente y la defensa de la elección popular que es por lo que se va a trabajar.

 

 

Periódico EL FINANCIERO
10 de julio de 1994
Entrevista al Subcomandante Marcos
Por Gabriela Coutiño, corresponsal


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