El Ingenio Dominante.

Erigido como estado  el 7 de junio de 1862, Morelos experimentó una gran transformación en sus procesos de producción  durante las tres últimas  décadas del siglo XIX y la primera del XX.

Los antiguos trapiches movidos por tracción animal o por fuerza hidráulica, fueron paulatinamente abandonados para dar paso al importante avance tecnológico de los molinos y centrífugas  impulsados por vapor. Los antiguos arados egipcios que surcaron las tierras del estado desde el siglo XVI, comenzaron a ser substituidos por los arados de acero de manufactura inglesa y estadounidense y por los primeros tractores de vapor. El avance tecnológico incrementó la producción y el momento coyuntural no pudo ser mejor, ya que los grandes ingenios azucareros brasileños sufrían una crisis de la que nunca se recuperarían. Las plantaciones cañeras de la isla de Cuba, a su vez, sufrían las destructivas consecuencias de la guerra de independencia, esta situación creó una gran demanda de azúcar en el mercado internacional, al no ser cubierta por los principales proveedores tradicionales. De manera incontrolada el precio del azúcar se  incrementaba,  sobre todo en el mercado estadounidense.

La situación fue propicia  para que los ingenios mexicanos de Veracruz, Colima, Campeche, el sur de Jalisco, la tierra caliente de Michoacán y, en especial, Morelos cubrieran la demanda externa.

Los ingenios se modernizaban y la mano de obra libre, las obras de infraestructura y de insumo productos así como las vías de comunicación  eran requeridas para cubrir la oquedad que la ausencia del dulce brasileño y la guerra de independencia cubana  generaban.

De esta manera, las vías de los ferrocarriles comenzaron a cruzar los cañaverales y los pueblos del estado de Morelos y como resultado de toda esta movilización la producción de azúcar en el estado de Morelos, entre 1870 y 1908 se sextuplicó.

El dulce, la caña, el molino, las fábricas, los rieles y los capitales financieros, paulatinamente, fueron desplazando las formas de vida los usos y las costumbres de las comunidades morelenses.

En la batalla por la apropiación de los terrenos comunales para transformarlos en cañaverales, los pueblos perdieron sus fundos y ejidos, y hasta los predios privados de los campesinos fueron  absorbidos por la insaciable hacienda plantación y por el ingenio.

Las leyes de desamortización de bienes  permitieron el remate de las tierras públicas, eclesiásticas y comunales. Aunque supuestamente deberían adquirirlas los campesinos arrendatarios y usufructuarios, estos, en la mayoría de los casos, no podían cubrir el importe de los impuestos de traspaso de dominio, y debían ceder ante compradores con mayores recursos. En ocasiones, las tierras tenían hipotecas previas, cuya liquidación tampoco estaba dentro de las posibilidades de los campesinos.

La apropiación masiva de los bienes terrenales morelenses era también favorecida por la corrupción de los funcionarios, por la legislación favorecedora de la inversión de capitales con las grandes exenciones de impuestos, por sistemas ilícitos de endeudamiento, así como por el ejercicio cotidiano de la violencia física del que hicieron abuso los latifundistas.

Aún cuando no había muchos ingenios, su modernización hacía que la capacidad de molienda fuese mayor  y todas estas circunstancias  hicieron del estado de Morelos, después de Hawai y Puerto Rico, la tercera región azucarera de importancia mundial.

La depauperación y la proletarización de los comuneros y el ejercicio de la violencia institucionalizada fueron los ingredientes que sazonaron el caldo de cultivo  que en 19l0 favorecería el movimiento revolucionario regional morelense encabezado por Emiliano Zapata.

PÁGINA ANTERIOR / PÁGINA SIGUIENTE

.
Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.