Los Cantos de la Guerra.

Antes del inicio de la Revolución de 1910, Marciano Silva componía, bolas surianas y canciones de amor que daban fe se su talento creativo y de su habilidad como poeta narrador. Sin embargo, en su entorno, la condición de explotación,  depauperación, despojo, proletarización y represión que sufría la mayoría de los habitantes  del estado de Morelos, durante el proceso de implantación de sistemas de producción capitalista eficiente, con miras a la generación de mercancías agrícolas, específicamente de azúcar, con la aplicación de tecnologías avanzadas que no contemplaban la suerte de la población proletarizada y  que propiciaba grandes desigualdades entre las distintas clases sociales. En un ambiente en el que veinte familias eran las propietarias y poseedoras de la tierra morelense y en el que el acceso al poder estaba también limitado a este pequeño círculo. Como en casi todo el país, se inició la integración de partidos y clubes políticos.  De diversas banderas, algunos de ellos de ideología anarquista.

La  constante represión directa a los grupos  y movimientos democráticos de oposición, por parte de la dictadura porfirista y sus representantes estatales , volcaron la  violencia contenida en la guerra revolucionaria que, durante más de diez años, asoló al país y en especial al estado de Morelos.

Emiliano Zapata, reconocido como el dirigente natural, político, militar y administrativo de la Revolución  y del Ejército Libertador del Sur, con las banderas y consignas de: ¡Tierra y Libertad! y ¡La tierra es del que la trabaja! y en la pugna por el retorno a la propiedad comunal en el territorio morelense, contra el sistema de propiedad de las haciendas, participó casi desde el principio en la guerra revolucionaria convocada por Francisco I. Madero y, sin obtener la satisfacción de las demandas populares que encabezaba, continuó la larga y sufrida guerra popular de los comuneros morelenses hasta el momento de su asesinato, ocurrido en 1919, resistiendo durante todo ese tiempo el paso de las múltiples parcialidades y facciones militares y políticas que desfilaron, en el reacomodo de los grupos de poder del país.

En la narración poética de las acciones de la guerra zapatista fue donde los trovadores, publicistas, jilgueros y cantores morelenses se lucieron, al hacer la crónica cantada de la lucha del pueblo morelense, tomando, en la mayoría de los casos, el partido del Ejército Libertador del Sur. Marciano Silva Peralta fue de los compositores que mayormente se destacaron en el trabajo comprometido de la factura de esa lírica narrativa que, durante casi todo el siglo XX, fue el recuerdo melódico de una guerra popular que nunca se terminó por completo.

Marciano Silva tuvo una estrecha relación con Emiliano Zapata, y Octavio Paz (padre) nos relató los pormenores del momento en que El Cantor del Sur, en su calidad de corridista, se dio de alta en el Ejército Libertador del Sur:

“El día 12 del mes de mayo, por la noche, se presentó Zapata frente a Cuautla, pero antes de poner sitio a la plaza, por considerar demasiado serio el asunto y para despertar entusiasmo mayor entre sus jefes, los convocó a una junta en Yecapixtla, donde estableció su Cuartel General para discutir el plan de operaciones que debería adoptarse.

Terminada la junta se presentó ante Zapata un hombre como de sesenta años de edad, de piocha entrecana, de calzón blanco, camisa del mismo color y sombrero de petate, llevaba en la mano un bajo. Al verlo don Emiliano Zapata lo saludó con gran gusto, pues ya lo conocía. Era Marciano Silva, que ya nunca se iba a separar de su lado.

-¿Qué andas haciendo, Marciano?

-Vengo a incorporarme con usted, Jefe.

-Pero tú sólo eres tocador de bajo. ¿También sabes echar bala?

.Ya lo verá usted, Jefe, cómo a la hora de la hora, pelearé contra los pelones, y en los ratos de descanso alegraré a ustedes con mis corridos.

-Muy bien, Marciano, te acepto con todo gusto, y tienes que cantar en tus corridos los principales hechos de la Revolución.

-Si, Jefe, a los que les tengo más ganas de echarles un corrido son a los orgullosos del Quinto de Caballería. Ellos solos se han bautizado con el nombre de El Quinto de Oro, pues dicen que son muy valientes.

-Dime, ¿Quiénes mandan en la plaza de Cuautla?-. Preguntó Zapata.

-El Quinto lo manda el Coronel Munguía; hay otro cuerpo de infantería mandado por un coronel y los Rurales del Estado están bajo las órdenes de Gil Villegas, que dicen que es muy bravo y muy peleador.

-Está bien - repuso zapata- es bueno que nos vayamos a descansar para estar listos para mañana temprano que vamos a empezar la guerra contra Cuautla.

La gente de Zapata había tomado sus posiciones, según lo acordaron  en la junta, poniéndose alrededor de dicha plaza y ocupando cada jefe el lugar  que le fue designado.

La noche era hermosísima, el cielo completamente despejado, estaba cuajado de estrellas, y la luna arrojaba sus plateados rayos sobre el campamento zapatista, en donde se habían encendido grandes fogatas, y reinaba un silencio absoluto.

De repente, en medio del silencio de la noche, se dejó oír un canto que provenía de la torre de la iglesia de Cuautla, y que decía así:

Nosotros somos condecorados,

los más valientes de la Nación;

no pistoleros como esos vagos

huamuchileros sin instrucción.

Nosotros somos condecorados,

los más valientes de la Nación;

y el azote de los malcriados

que se han lanzado a la rebelión.

(...)

Al oír Marciano Silva el canto de los federales, se levantó presuroso, y sentándose sobre una piedra, cruzó la pierna, y pulsando su bajo, improvisó el corrido siguiente:

 

Lo que es el Quinto Regimiento, nunca pierde, si.

Dirán con gran satisfacción,

cuando a Morelos dispusieron los rebeldes

sitiar en esta ocasión.

 

Pobres pelones, tal vez pensaban

que aquí los indios habían de huir;

tan sólo al lucir sus armas

y oír el toque de su clarín;

pobres pelones del Quinto de Oro

a otros cuenten que por aquí

nomás tres piedras, porque la fama

que hay en zapata no tiene fin.

 

Adiós Quinto de Oro afamado.

mi pueblo llora tu proceder,

en otras partes habrás triunfado;

pero aquí en Cuautla, no sé por qué

nos prometiste el ampararnos;

pero corriste ¡qué hemos de hacer!

los calzonudos te corretean

porque Zapata tu padre es.

(OCTAVIO PAZ (padre). El Cantor del Sur II, p. 1 y 8.)

A partir de la composición dedicada a El Quinto de Oro, la relación entre Emiliano Zapata y Marciano Silva es estrecha y de compromiso, de causa común y con la parcialidad correspondiente, en las composiciones, a favor del Ejército Libertador del Sur. Al respecto, Catherine Heau cita una carta localizada en el Archivo General de la Nación, en la cual, Marciano Silva se dirige a Emiliano Zapata, haciendo evidente la estrecha relación entre el caudillo y el compositor:

“Muy Señor mío.

Tengo el honor  de remitirle adjuntamente con ésta tres composiciones  de cinco que me indica usted, que son: Las Huachas, La Fuga de un Tirano y  la Canción de los Federales; no le envío a usted La Captura de Cartón en Chilpancingo, ni los Versos de Maya a consecuencia de que el día seis que bajé a Jojutla, obtuve unos datos interesantes, tanto de la muerte de Maya como de  Cartón en Chilpancingo y voy a reformar esas dos composiciones, en lo sucesivo si usted las necesitare, estaré pronto a remitírselas como también al señor  Paulino Martínez, si juzgare conveniente ponerlas en su valiente periódico, quedo como siempre esperando vuestras órdenes.

            Marciano Silva, 20 de octubre de 1914

(CATHERINE HEAU. Así Cantaban la Revolución, p.137)

 

Como se puede deducir del texto de la misiva, Zapata le encargaba a Silva,  copias de sus composiciones. No se puede deducir que le marcase o sugiriera los temas de sus bolas o la tendencia política o ideológica del contenido de sus escritos, sin embargo se observa un gran respeto al talento y a la creatividad del vate, por parte del jefe popular del Ejército Libertador del Sur.

En la carta también podemos ver que Marciano Silva es un investigador que no pierde oportunidad de incluir detalles de relevancia en sus composiciones. De hecho, lo sobresaliente de una buena cantidad de bolas surianas compuestas por Silva es, precisamente, la narración en detalle; como investigador protagonista, acucioso e involucrado con la guerra, de diversas acciones militares y políticas del Ejército Libertador del Sur y de sus principales jefes, así como de las atrocidades, crueldades y desmanes que, por parte de las diversas facciones agresoras, sufrió el pueblo morelense, durante los aciagos años de la Revolución.

A la muerte de Zapata, Silva  continuó componiendo las bolas narrativas sobre el paso de las diversas facciones políticas  y acciones militares de los descendientes políticos del Caudillo del Sur.

En los últimos años de su vida, Silva recibía una pequeña pensión  como veterano de la Revolución  y compartía la vida con sus descendientes, en su casa de la Colonia Emiliano Zapata, de Cuautla, Morelos. Tras sufrir una embolia, ya en la quinta década del siglo XX, hizo el intento de que se le atendiera en la ciudad de México y, no satisfecho con el servicio recibido, decidió regresar a Cuautla, para gozar del cariño de su entonces pequeña nieta María de Jesús.

El 7 de febrero de 1944, después de una larga y creativa vida, sin gran difusión Marciano Silva Peralta falleció.

Como se ha señalado, la dificultad de  conseguir, compilar, conservar y reproducir los materiales generados por el talento de Marciano Silva ha provocado que muchas de sus composiciones no puedan ser conocidas. Al tiempo que se ha generado una suerte de cuentos, consejas  y mitologías alrededor de su figura, lo cual ha dificultado, en mayor cuantía, el acceso a la obra del Cantor del Sur.

En este trabajo, a continuación, se hace una recopilación, hasta donde ha sido posible, de ese material poético, narrativo, no oficial, no archivado, no compilado y disperso que significa una rica e importante fuente  para la redacción de la historia popular del estado de Morelos y la muestra fehaciente del desarrollo de la lírica narrativa suriana como parte inherente, aunque desdeñada, del folklore mexicano. A cada una de las composiciones transcritas se les ordenó  cronológicamente, de acuerdo a los sucesos que relatan, y se les incluyó un texto adicional, que ubica la historia narrada en su tiempo y espacio históricos, abundando los pormenores, detalles y datos específicos sobre los sucesos y personajes a que se refiere la bola o corrido.

De la misma manera se incluyen las bolas y canciones sentimentales y amorosas del compositor.

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.