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Bola del Descarrilamiento de Temamatla.
Canción Popular.

 

Escuchen señores, ésta triste historia

que traigo en el pensamiento

de lo que pasó en Temamatla

con el descarrilamiento.

 

El corazón se entristece

tan sólo al considerar

que muchos quedan sin padres

en este mundo a llorar.

 

El jueves veintiocho, del mes de febrero,

del año noventa y cinco,

todos en Ameca, para la estación

iban con gran regocijo.

 

Eran las doce del día

y luego, luego al momento,

silbó la locomotora

y se puso en movimiento.

 

Diez coches jalaba la locomotora

número cincuenta y cuatro,

y el maquinista era un extranjero,

causa de tanto quebranto.

 

En los coches de tercera

venían con mucho contento,

pues nadie podía advertir

que era el último momento.

 

Todos con gozo venían admirando

aquel bello panorama

sin comprender que la hora fatal

estaba ya muy cercana.

 

Cuando al llegar a Tenango,

kilómetro cuarenta y dos

el tren salió de la vía

causando un estruendo atroz.

 

Tres coches quedaron, de los de tercera,

toditos hechos pedazos,

y por donde quiera nomás se veían

cabezas, piernas y brazos.

 

A las tres supo el gobierno

todo lo que aconteció:

luego a las demarcaciones

sus órdenes pronto dio.

 

Luego que la empresa también se informó

de lo que allí había ocurrido,

al punto ordenó partiera veloz

el tren llamado de auxilio.

 

El Ministerio de Guerra

también sus órdenes dio,

y el cuerpo militar

con puntualidad cumplió.

 

Cerca de las nueve llegó el tren de heridos

espacioso y con precaución,

pues todos lanzaban tan tristes gemidos

que partían el corazón.

 

Los inspectores subieron

declaración a tomar,

pero no la consiguieron,

porque todo era llorar.

 

“¡ Dios mío, mi pierna!”, “¡Ay mi cabeza!”

“¡Jesús, mi brazo, me muero!”

y otros gritaban: “¿Dónde están mis padres?

yo ver a mis padres quiero”.

 

Pero todo era imposible;

se entristece en corazón

pues de toditos los muertos

hecho estaba ya un montón. 

 

Cerca de las diez, cuarenta camillas

salieron de la estación,

el cuadro era triste, tan triste en verdad,

que inspiraba compasión.

 

Hombres, mujeres y niños

en un continuo penar,

en camillas los llevaban

al Hospital Militar

 

Todita la noche, en el hospital,

practicantes y soldados,

alistaban camas para recibir

a todos los desdichados.

 

Y tan luego que llegaban,

con muchísima atención

a todos les practicaban

su primera curación.

 

Cuarenta y cinco eran los heridos

que allí fueron auxiliados,

y sesenta y dos toditos los muertos

que quedaron destrozados.

 

La sociedad alarmada

asegura con firmeza,

que de tan terrible hecatombe

tiene la culpa la empresa.

 

Familias enteras, en triste orfandad,

sin protección han quedado;

pero grandes sumas, para protegerlas,

en México se han juntado   .

 

Funciones de beneficio

en los teatros anunciaban

para auxilio de las víctimas

que más lo necesitaban.

 

En fin, ya señores, lo que aconteció

lo llevo ya relatado;

y sólo deseo que a los que murieron,

Dios los haya perdonado.

 

Aquí se acaba cantando

la historia del sufrimiento,

que en Temamatla causó

el gran descarrilamiento.

(Hoja suelta, de la Imprenta Popular de Antonio Vanegas Arroyo, con grabados de José Guadalupe Posada, sin fecha)

 

La construcción de Ferrocarril Interoceánico, tenía el propósito de unir al Océano  Pacífico con el Golfo de México, con una línea que cruzara el territorio nacional, con terminales en los puertos de Acapulco y Veracruz. El tramo de México a Veracruz, con 547 kilómetros de vías se inauguró el 23 de mayo de 1892, mientras que la línea de México a Acapulco suspendió el tendido de vías en Puente de Ixtla, Morelos, y únicamente avanzó 198 kilómetros. En esta última línea, el veintiocho de febrero de 1895, entre Tenango y Temamatla, Estado de México, ocurrió un descarrilamiento que involucró a cinco vagones del tren, repletos de pasajeros que habían concurrido a las fiestas religiosas y al carnaval de Amecameca.

En el lamentable accidente hubo 100 muertos y muchos heridos. Desde hacía algún tiempo, las catástrofes eran tema preferido por los compositores para narrar en sus bolas y corridos.

Mario Colín y Catherine Heau, le adjudican a Marciano Silva la composición de la Bola del Descarrilamiento de Temamatla.

 

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.