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Trágico Fin de Juan Montes.

 

Si tal vez no le fuera molesto

tomaré parte en vuestra alegría,

voy a hablarles del fin tan funesto

que Juan Montes tuvo en una orgía

 

Bien sabéis que en el Estado libre

de Morelos fue un gran trovador,

en su verso fue bello y sublime

aplaudido por hombres de honor.

 

En el pueblo de Tlalquitenango

el catorce del mes de febrero,

su destino le había señalado

de su vida el trance postrero.

 

Fue un día miércoles por la mañana

a las ocho según se imagina

se puso a tomar de buena gana,

con personas que eran de su estima.

 

Entre ellos don Jesús Montaño

que más tarde debían darle muerte,

sin saber su desgraciada suerte,

también ahí se hallaba tomando.

 

Cuando al fin los vapores del vino

por completo llegó a trastornarlos,

un enojo entonces intervino

entre Juan y don Jesús Montaño.

 

La cuestión comenzó en la cantina

de la señora Petra Morales,

sin embargo continuó la riña

y a otra tienda se fueron parciales.

 

Al llegar a la nueva cantina

del señor Margarito Arellano;

prosiguió de nuevo la contienda

entre Juan y don Jesús Montaño.

 

Tú serás un cantor distinguido

por personas de alta aristocracia,

pero al menos no quedo vencido,

y haré que pierdas tu elegancia.

 

Presumiendo ser buen caballero

ante el vulgo don Jesús Montaño,

dio a guardar su machete cañero

al señor Margarito Arellano.

 

 

Entre poco trató de acostarse

ya Morfeo lo tenía sumergido,

y Juan Montes salió así a sentarse

a la puerta con varios amigos.

 

Al volver de su sueño tirano

su machete pidió sin tardanza

diciéndole al señor Margarito Arellano

que ya se iba derecho a su casa.

 

Al salir Montaño para afuera

don Juan Montes volvía a referir

lo que allá en la cantina primera

le había dicho siempre varonil.

 

Al momento se volvió con fiereza

y dos golpes mortales le dio,

una vez hecha aquella vileza

al momento su fuga emprendió.

 

Primer golpe aseguran el hecho

en el cráneo le dio aquella fiera

el segundo ha visto el pescuezo

cerca de la clavícula izquierda.

 

“Anda ingrato cobarde me heriste”

“¡Ay!”, le dijo con rectitud

“De mi parte muy bien puedes irte,

soy diez veces más hombre que tú”.

 

Los amigos de su estimación

trataron de seguir a Montaño,

para ver si adquirían su aprehensión

pero ya no pudieron lograrlo.

 

Al mirarlo en tan mísero estado

uno de ellos allí lo paró,

a su casa trató de llevarlo

pero al fin éste se le negó.

 

Yo las gracias te doy fiel amigo

solamente te pido un favor,

si preguntan quién me ha lastimado

no les digas lo que sucedió.

 

Diciendo estas palabras tomó

así el rumbo de Tlalquitenango

de este mundo al fin se despidió

pues estaba muy presto a dejarlo.

 

Al llegar al crucero de la vía

de la excavación de Huatecalco,

ahí fue su lecho de agonía

porque hasta allí pudo haber llegado.

 

Dos amigos que muy de mañana

pasaban por Tlaltizapán,

al encontrarlo le preguntaron

quién lo había llegado a lastimar.

 

Les responde con grande energía:

“A mí ninguno me ha lastimado,

sino el tren pasó en su travesía

y por desgracia conmigo ha chocado”.

 

Uno de ellos se quedó a cuidarlo

y el otro fue a Tlaltizapán,

a dar parte para que en el acto

lo viniesen de allí a levantar..

 

Mientras esto pasaba hacia el cielo

sus plegarias don Juan dirigía

al  Eterno, con amor sincero

estas tristes palabras decía:

 

“Si ésta vida mi Dios que me diste

un cobarde al fin me la quitó

si por mi alma en la cruz padeciste

en tus manos la encomiendo yo”.

 

Entre tanto llegó la justicia

tan luego como lo inspeccionaron

oficiaron así todo aprisa

a Jojutla lo que había pasado.

 

Remitirlo a Jojutla de Juárez

los jueces así lo dispusieron

donde se hicieron sus funerales

el catorce del mes de febrero.

 

Se acabó su misión en la tierra

de un amigo a quien tanto estimé

se acabó con su vida sincera

toda la honra de Chapultepec.

 

Me despido amable concurrencia

me despido con grande dolor,

si acaso me ha sido imposible

si tal vez me ha faltado la ciencia

me dispense la plana mayor.

(Hoja suelta de la colección particular de José Luis Sagredo Castillo. Op. Cit.).

 

De entre los maestros creadores de las bolas surianas del siglo XIX, destaca Juan Bautista Montes, quien, según los testimonios de los últimos trovadores, marcaba la línea en las formas poéticas que usaron los publicistas en el estado de Morelos.

De gran sensibilidad poética y adicto al alcohol, Juan Montes murió durante una riña que tuvo lugar el 13 de febrero de 1901, como lo narraron varios saludos y bolas, algunos de ellos como los que se transcriben  y reproducen, compuestos por Marciano Silva.

De la obra poética de Juan Montes se desconoce casi todo. Toda vez que son pocas las hojas sueltas que se han localizado con su rúbrica  y que los trovadores contemporáneos de Montes olvidaron sus rimas. Sin embargo, la cantidad de composiciones en honor a Juan Montes denota la gran ascendencia que éste tenía entre los trovadores morelenses.

 

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.