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El Quinto de Oro.

 

Lo que es Quinto Regimiento nunca pierde, no

decían los de ese Batallón,

cuando a Morelos dispusieron los rebeldes

sitiarlos en la ocasión

sobre las torres y azoteas se veían alegres,

haciendo alarde de instrucción

porque pensaron que entrarían pero muy breve

toditos en montón.

 

Nosotros somos disciplinados,

decían con grande satisfacción,

no pistoleros como estos vagos

huamuchileros sin instrucción,

nosotros somos condecorados

los más valientes de la nación

y el azote de los malcriados

que se han lanzado a la rebelión.

 

Lo que es aquí no se pasean

como allá en Chiautla no,

con música y fina atención;

porque los hombres que defienden

esta plaza, son de purito León

lo que es aquí con la ametralladora basta

para hacerles su recepción,

y si no corren ya verán lo que sacan

los indios en la ocasión.

 

Pobres pelones, tal vez pensaban

que aquí los indios iban a huir,

nomás al ver relumbrar las armas

o al oír los toques de su clarín,

pobres pelones, del Quinto vayan

y cuenten a otros que por aquí

nomás tres piedras, porque la fama

que hay en Zapata no tiene fin.

 

Era imposible que perdieran nombre y fama, no

los rebeldes de esta región,

porque llevaban a la Reina Soberana, si

de nuestra fiel nación;

por eso siempre cuando en campaña. Si

decían con grande veneración:

“¡Viva la Patria!, ¡Viva la Guadalupana!

y muera la reelección”

 

Adiós el Quinto de Oro afamado,

mi pueblo llora tu proceder

pues prometiste el ampararnos

y al fin corriste, qué hemos de hacer

en otras partes habías triunfado,

por aquí en Cuautla no sé por qué

los calzonudos te corretearon

porque con ellos tan sólo tres.

(Hoja suelta, sin fecha, sin pie de imprenta y sin lugar de publicación,  de la colección particular del etnomusicólogo José Luis Sagredo Castillo)

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.