Vilezas del Carrancismo en Tlaltizapán

 por Clotilde Sosa, un vil Nerón,

el trece de agosto del año de

mil novecientos dieciséis.

 

La ley mosaica se halla vigente

porque el Eterno la autorizó:

ojos por ojo, diente por diente,

dijo a aquel pueblo que libertó.

Si estos preceptos guardas prudente

sin infringirlos cual mando yo,

serás dichoso, si no cruelmente

te aplicaré la ley del terror.

 

Escrito está que el que a hierro mata

también así a hierro muere,

porque la ley de Dios baja

para el infractor aleve

aunque sea un grande monarca

o un semidiós con sus leyes

tendrá que sellar su causa

con sangre en páginas breves.

 

Clotilde Sosa, cruel, inhumano

se hizo notable cual un Nerón

matando inermes conciudadanos,

quemando casas sin compasión,

mas la justicia llegó temprano

para ese insecto, ¡Qué admiración!,

tal es el premio de los tiranos

cuando se sueñan un Napoleón.

 

Dionisio Carrión, en suma,

por una venganza cruel

tocó a degüello en furia

matando a hombres sin temer,

en Tlaltizapán no hay duda,

en el año dieciséis,

cuatrocientos se murmura

 hizo desaparecer.

 

Cirilo arenas reconociendo

la justa causa si más temor,

vuelve a las armas contra el gobierno

como patriota y hombre de honor,

al fin lo cubre de gloria el cielo

y triunfa de Dionisio Carrión

en un combate que al fin tuvieron

contra el gobierno de la Nación.

 

Clotilde Sosa a la vista

 quiso dar un escarmiento

a los bravos arenistas,

pero en su tal pensamiento

fue el de labrar su desdicha,

pues su triunfo fue funesto,

que lo llevó a toda prisa

en un tranvía casi yerto.

 

Vivan los hombres que en hora buena

se hallan luchando en la ocasión,

el muy patriota cirilo arenas

que por un rasgo de abnegación

sigue la causa que otros no aprueban

por una falta de convicción,

para sus jefes honra suprema,

para el caudillo fiel ovación.

 

Silos bravos que circundan

al feroz don Venustiano

obraran con más cordura

vendría la paz que anhelamos,

ya no correría sin duda

más sangre de vuestros hermanos,

en esta guerras espurias

por la ambición de un tirano.

 

Sigan luchando como valientes

mostrando al mundo con dignidad

que sois soldados y que defienden

la honra de un pueblo y la libertad

que por las Patria lucha es prudente,

quien por persona es un tenaz,

sin raciocinio y sólo pretende

matar sin tregua a la humanidad.

 

No desmayéis en la lucha,

soldados libertadores,

que vuestro triunfo se escucha

según ligeros rumores,

nuestra misión es muy justa

y creo que merecedores

alcanzaréis sin disputa

una corona de flores.

(CATALINA H. DE GIMÉNEZ.  Así Cantaban la Revolución, pp. 368 a 370.)

 

La población del estado de Morelos que había sufrido: represión, matanzas, exterminio y reconcentraciones, durante los periodos del porfirismo, maderismo y huertismo. De igual manera tuvo que sufrir  durante la campaña de guerra del bando constitucionalista / carrancista, contra el convencionista / zapatista, al que estaba afiliado el Ejército Libertador del Sur.

 

Así, las tropas carrancistas de los generales Pablo González y Joaquín Amaro se esmeraron en la campaña militar contra los zapatistas del estado de Morelos y sus aliados civiles y pacíficos.

Para 1916, los zapatistas ya no podían ofrecer combates formales e iban abandonando sus posiciones, hasta que, derrotados en su cuartel general de Tlaltizapán, se vieron obligados a remontarse para continuar la lucha de guerrillas, en medio de graves conflictos y depuraciones internas, al tiempo en que se sucedía la defección  de una buena parte de sus efectivos.

El coronel zapatista Marciano Silva, sin armas pero con bajo quinto, nos dice en sus bolas de: El Sitio de Tlaltizapán y Vilezas del Carrancismo en Tlaltizapán por Clotilde Sosa, un vil Nerón, el trece de agosto de mil novecientos dieciséis, cómo, en la fecha que menciona el título, se suscitó el degüello masivo de: hombres, mujeres, ancianos y niños en Tlaltizapán.

Aún cuando no se pudo cotejar la exactitud del dato, no mencionado en los partes de guerra de la historia oficial; el investigador  John Womack nos da la relación de dos sucesos similares ocurridos en Tlaltizapán. El primero lo ubica a mediados de junio de 1916, fecha en que resultaron muertas 283 personas y se cree que ésta es la matanza a que hace referencia Marciano Silva, ya que Womack no especifica la fecha exacta del suceso, además de que el protagonista del genocidio es Dionisio Carreón (Carrión en los corridos), gobernador militar constitucionalista del estado de Morelos.

 

La otra matanza acaecida en Tlaltizapán  tuvo lugar el 30 de septiembre de 1916 y se ejecutor fue el general Jesús Guajardo, en esta segunda matanza sucumbieron ciento ochenta residentes de Tlaltizapán. De cualquier manera, tanto los textos de Womack como los corridos de Silva coinciden en que la persecución y represión de los constitucionalistas competía en crueldad y saña con la de sus antecesores huertistas, maderistas y porfiristas.  

 

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.