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Desastre de los Carrancistas
en Nepantla. Bola.

 

El día veinticuatro de agosto por fecha, en el año dieciséis,

que atacó Nepantla con mucha bravura y muchos puntos a la vez

éste fue un asalto de grande estrategia, según por lo que se ve,

pobres carrancistas tuvieron su noche de San Bartolomé.

 

Aunque muy sucintamente les narrare esta historia,

hablando explícitamente lo que traigo en mi memoria,

hecho de armas eminente, con que se cubren de gloria,

hombres de un valor ingente y de fama tan notoria.

 

Everardo González y Vicente Rojas puestos en combinación,

a los carrancistas una cruel derrota infringieron con valor,

estos bravos jefes de veras patriotas y de un estricto pundonor,

sus hechos marciales sin pasión elogia un humilde trovador.

 

Siete trenes muy ligeros venían de la heroica Cuautla,

con armas, parque y guerreros para auxiliar a Nepantla,

los que capturados fueron puestos sin mayor tardanza

a los rigores del fuego, del furor y la venganza.

 

Allí  el general Tomás García y el jefe José Contreras,

al ver a los ferros dejaron la vía libre para que pudieran

 entrar hasta el sitio que ellos pretendían, mientras sus huestes ligeras,

el último ferro de los que venían, volaron con fe certera.

 

Cerca del puente de Adtipa, según poco más o menos,

quedó ese tren carrancista consumido por el fuego,

tomando un dique a la vista, por lo cual los otros ferros

quedaron en una estricta prisión y luego quemados fueron.

 

Quedaron los trenes a disposición de las fuerzas liberales

y como retenes, parque y un cañón, comestibles y cereales,

muchos hombres fieles muertos en la acción y otros corrieron cobardes,

a darle a sus jefes, sin más dilación cuenta de un hecho innegable.

 

Allí Everardo González fue el ínclito vencedor,

con sus bravos generales que lucharon con valor,

nunca de un triunfo hace alarde, ni teme al campo de honor,

porque en su pecho indomable nunca ha reinado el pavor.

 

Pasemos al fuerte, lugar que se encuentra cerca de Tlacotitlán,

a donde Vicente Rojas sus estrategia despliega con grande afán

con unos valientes al lugar se enfrenta, pero la suerte fatal

los hizo imprudentes por la fortaleza que es difícil de tomar.

 

Allí Guillermo Rodríguez e Ismael Cruz y también Julio Villegas,

lucharon cual invencibles con valor, gloria y sin tregua,

aunque se quedó intangible dicho lugar se comprueba

de que corrieron los viles, ganando quien lo creyera.

 

Y luego a otro día pensaron, el darles de improviso un asalto

mas cuando llegaron a aquel, edificio no encontraron ni un soldado,

se conjeturaron que, en la noche misma, de miedo pelaron gallo,

con guachas y fardos, según por lo dicho, a Yecapixtla llegaron.

 

En La Herradura atacaron a Antonio Beltrán

con grande valor y hazaña, radiante peleaba sin vacilar,

unido a la fuerza armada de otro bravo general,

Gregorio Rivero una espada valiente y muy liberal.

 

En vano mandaron  un tren en auxilio a salvar a La herradura,

se fue rechazando con varios heridos y algunos muertos a Ozumba,

fue tan acertado el plan convenido que en dichos jefes figura

el laurel plateado, con que los caudillos se adornan por su bravura.

 

De allí marcharon a Ozumba, buscando un triunfo completo,

pero la suerte fue espuria, porque fracasó el proyecto,

si con la mayor premura de Ameca salió el refuerzo,

sin embargo se rumora que les hicieron muchos muertos.

 

En fin se quitaron, con mucha eficacia tres bravos destacamentos,

que fue La Herradura, El Fuerte y Nepantla y siete trenes a un tiempo

que dirían los bravos de la heroica Cuautla, que había llegado el momento

de que abandonaran esa linda plaza con el Quinto Regimiento .

 

Si los constitucionalistas llegaran a comprender,

que por sus iniquidades han de llegar a perder,

respetaran propiedades, porque a mi mal comprender

dice un adagio notable: “La razón vence al poder”.

 

Pero su bravura es matar gallinas, guajolotes y borregos

y dejar desnudas miles de familias sin albergue y sin consuelo,

acciones impuras que la historia escribe en los años venideros

y la Patria, en suma triste y afligida, les dé su baldón por premio.

 

En fin, mis pobres cantares, dedico por simpatía,

a los bravos generales que lucharon con bizarría

secundando los ideales del Plan de Ayala a fe mía

¡Viva Everardo González, Beltrán y Tomás García!.

(Hoja suelta, sin lugar de publicación, sin pie de imprenta
y sin fecha. De la colección de manuscritos y hojas sueltas
del corridista Ángel Bello Moreno, de Tepoztlán, Morelos).

 

En la segunda mitad del año de 1916, el  Ejército Libertador del Sur contaba con alrededor de cinco mil hombres, repartidos  en diversos contingentes guerrilleros, como los que comandados por Vicente Rojas y los hermanos: Everardo y Bardomiano González, quienes operaron en los límites de los estados de México y Morelos, además de que, a menudo  penetraban en importantes poblados de los alrededores de Cuautla.

En el corrido del Desastre de los Carrancistas en Nepantla. Bola, se relata la acción casi de sabotaje, del incendio de siete trenes militares constitucionalistas, por parte de la guerrilla de Everardo González y Vicente Rojas, en San Miguel Nepantla, Estado de México, así como la continuación de la acción en Ozumba y Amecameca, Estado de México, el 24 de agosto de 1916.

En el momento del resurgimiento de las guerrillas zapatistas en Morelos y el Estado de México, los asaltos y voladuras de trenes se hicieron cosa cotidiana, por esta razón, algunas guerrillas zapatistas fueron señaladas, por la prensa nacional, como partidas de bandoleros del orden común.

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.