Las Comadritas.

 

“Sólo vengo a noticiarle comadrita,

unas notas que en la calle recogí,

que los bravos y temibles carrancistas,

ésta noche se pelaron ya de aquí”.

 

“No es posible, los constitucionalistas

son tan hombres y no corren en la lid,

ya usted sabe cuando a pelear se dedican

con las vacas no se arredran, eso si”.

 

“Pues anoche se pelaron comadrita,

según dicen unas viejas por ahí,

porque dicen que don Venus necesita

del auxilio de sus tropas que hay aquí”.

 

“Pues entonces fue más gloria en los huertistas

que buscaron pleno día para partir,

aunque Rojas los batió, según noticias,

cinco días no dieron tanto qué decir”.

 

“Unos dicen que porque su presidente

fue llamado a las regiones de Satán,

y otros no, que su villa se halla al frente

de sus tropas en Tenochtitlán”.

“Lo cierto es que se pelaron comadrita,

como huerta y sus legiones, eso sí,

y de noche, para que los zapatistas

no los vieran y los fueran a batir”.

 

“Qué vergüenza que, por lauros de conquista,

sólo llevan el letrero y dice así:

Pobres rupas vengan sobre las cenizas

de sus bravos compañeros a gemir”.

 

“No ‘aste visto comadrita, en las trincheras,

unos papas que escribieron a la vez

estos bravos, antes de pegar carrera

cuyo bravo contenido dice así:

 

La brigada que aquí en esta plaza impera

en unión de los de Jonacatepec,

cuenta ya con cien mil hombres en la guerra

para el triunfo de su causa ha de ser”.

 

“Ya nos vamos, porque así se nos decreta,

no por miedo, pues tenemos que volver

y entonces, ¡ay de aquellas hordas necias!,

les haremos una guerra sin cuartel”.

 

“Le interrumpo comadrita su contesta

pero el miedo también me infunde a la vez,

 

amenazan para ver si se amedrenta

el rival a quien tratan de ofender”.

 

“¿y se firman esos jefes, comadrita?”,

“Por supuesto, comadrita, uno es Mariel,

un Maicón o maricón, según noticia,

un Guanaco, un lechuga o betabel”.

 

“Un don Eusebio Galindo o ciega

y otras mulas que vinieron de alquiler,

a cargar lo que en los pueblo, por desdicha,

encontraban a los pobres sin temer”.

 

“Una cosa me sorprende, comadrita,

es el ver esas columnas tan insanas,

asquerosas muertas de hambre que no tienen

más que el robo como sostén de compañía”.

 

“Comadrita, dicen que a don Venus lo sostienen

millonarios que le envían dinero y armas”,

“Pues entonces comadrita se comprende

que es un hombre criminal que no tiene alma”.

 

“Si usted viera cómo destruían las casas

y rajaban sus maderas de a montón

y en palacio vendían leña sus guachas

tres palitos por dos reales o tostón”.

“Vendían palos, vendían cucharas y tazas,

vendían carne de ternera o de lechón,

ya ve usted fueron soldados y piratas,

comerciantes y mendigos de ocasión”.

 

“Ya tan sólo nos dejaron la existencia,

y desnudas, comadrita, sin comer,

con el pube fuera o en presencia

de las lúbrigas miradas de otro ser”.

 

“Pero el cielo les dará su recompensa,

eso si, ya comenzaron a perder,

ya usted vio lo que sufrieron allá en Treinta,

en Jojutla y Cocoyoc la última vez”.

 

“Y se van agradecidos de esta tierra,

donde al fin, nada tuvieron qué desear,

con Zapata y don Zeferino Ortega,

Jorge Méndez y con Constancio Falfán”.

 

“De Morelos hacia el norte, allá en la sierra,

con Everardo y con Antonio Beltrán,

los llenaron de pavor en mil tragedias

y si vuelven sólo el polvo encontrarán”.

 

“Me despido comadrita, porque es tarde,

ahí mañana seguiremos la cuestión,

no sea que el diablo que me halle su compadre

y me juzgue carrancista en excursión”.

 

“Yo mejor para comadrita y no un cobarde

y no un sobrenombre de un ser sin reputación,

zapatista y aunque al vulgo no le cuadre,

aunque viejas no cambiamos de opinión”.

(CARLOS BARRETO MARK. Op. Cit., pp. 31 y 32.)

 

A modo de chisme de comadres, esta bola suriana de Marciano Silva nos cuenta cómo, en el mes de abril de 1920, los leales carrancistas salieron del estado de Morelos para apoyar a su líder contra la Rebelión de Agua Prieta, organizada por los enemigos políticos de Carranza integrados en el denominado Grupo Sonora y dirigido por el general Álvaro Obregón Salido.

 

Sin embargo, algunos carrancistas habían entrado ya en componendas con Obregón para anexarse a la Rebelión de Agua Prieta y desconocer al gobierno de Carranza.

 

El corrido hace mención del general Francisco P. Mariel, quien acompañó a Venustiano Carranza en su huída de la ciudad de México, al momento en que las fuerzas triunfantes del Grupo Sonora hacían su arribo a la Capital de la República. Mientras los carrancistas salían del territorio zapatista, algunos jefes zapatistas también se afiliaron al Plan de Agua Prieta.

 

PÁGINA ANTERIOR / PÁGINA SIGUIENTE

 

.
Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.