Charla de Comadres. Época de
Adolfo De la Huerta.

 

“¡Ay, comadre!, ¿cómo le ha ido de revuelta?”.

“De los Diablos, ya usted ve la situación,

ni tres años disfrutamos paz completa

cuando viene ya una nueva rebelión,

ya usted ve al señor Adolfo De la Huerta,

se cree un patriota liberal, de convicción,

quiere hacerse presidente por la fuerza,

porque cuenta con el clero y la reacción”.

 

“Y también con esos ferrocarrileros,

comadrita, ¿qué no ha visto la visión?

Pues se han puesto ya una placa en el sombrero

con su nombre como prueba de adhesión,

se han llevado varios trenes, muy ligeros,

para darle a los rebeldes protección,

tumban puentes ellos mismos, ni de creerlo,

y alarman a todita ala región”.

 

“Eso es nada, si le cuento comadrita,

que yo he visto varios hombres de opinión,

que lucharon con Zapata, el agrarista,

y hoy se han puesto a defender a la reacción,

¡Qué desgracia en nuestros hombres, qué desdicha!

Y ¡qué buscan con esta transformación?”

 

“El dinero y los ascensos, comadrita,

ha de hacerlos que se vendan a Plutón”.

 

“La ambición hacia el dinero es la desgracia

de infinitos mexicanos a la vez,

pues por ella ha claudicado nuestra raza

de sus leyes sacrosantas y su fe.

La ambición es una herencia de la Patria

la dejó en su expedición Hernán Cortés,

ya usted vio cómo vagaban los piratas,

conquistando de los mares al través”.

 

“¿Y la paz ya no vendrá con estas cosas?”.

“Si es que siguen los disturbios como van,

no hay más paz que conformarnos con nuestra hoja

de servicios comadrita , y nada más,

el cinismo y el descaro es prenda propia

que algunos traen de su tierna mocedad,

y aunque vemos la elegancia de la ropa,

bajo de ella sólo hay pura vanidad”.

 

“Y en verdad que era un partido abrumador,

el De la Huerta, comadrita, sin mentir,

“Si, es muy cierto, pero gallos de cartón,

que de pico lo hacían todo, yo los vi,

con sus aliados calzonudos a morir

 

a él lo abandonaron. ¡Qué dolor!,

esos valientes compañeros de fifí”.

 

“Antes eran del gobierno muy aliados

y enemigos de cualquier revolución,

hoy difaman de Obregón porque es agrario,

y agraristas nunca han sido ni lo son,

mas se sirven de la tierra y el arado

para hacer buenas cosechas, sin pasión,

es la pera que, aunque no es de su agrado,

pero van comiendo de ella en la ocasión”.

 

“¡Ay!, comadre, si es que sigue la revuelta,

va a agobiarnos la más triste situación,

nos veremos en una ruina completa,

muertas de hambre y sin ninguna protección”,

“No se acuite comadrita, que a la fecha

va perdiendo gran terreno la reacción,

pues me dicen que ya Adolfo De la Huerta,

las espaldas ha enseñado el correlón”.

 

“¡Ay qué bueno! Comadrita, me despido,

son las once y tengo que dar de comer”.

“Las haremos, no se vaya, que el marido

si la quiere que la aguarde, ¿qué ha de hacer?”.

“pues entonces comadrita, ya me animo,

que las sirvan y brindemos con placer”.

“Yo...por Calles...”. “Yo por Álvaro tan digno”.

“¿Y por Huerta?”. “Que la choque su mujer”.

(CARLOS BARRETO MARK, Op. Cit., pp. 35 y 36)

 

En un reacomodo de fuerzas, al interior del Grupo Sonora, en septiembre de 1923, Adolfo De la Huerta se levantó en armas contra Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, apoyado por treinta y seis generales en una rebelión por demás desorganizada que fue rápidamente sofocada, tanto así que se le conoció como La Revolución sin Cabeza.

En el corrido antes trascrito, Marciano Silva, en su probado estilo de chismes de comadres, nos da su punto de vista y filiación con respecto a la Rebelión Delahuertista.

PÁGINA ANTERIOR / PÁGINA SIGUIENTE

 

.
Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.