Plutarco Elías Calles.

 

Salud al candidato del pueblo proletario,

que en lances necesarios se apresta a defender,

las flores del aplauso le brinda el pueblo ignaro

y que arda el incensario en honra de su ser.

 

Con júbilo se escriba, y en letras inviolables,

el nombre de Elías Calles con grande frenesí,

el hombre sin mancilla, la brújula incansable,

que lleva los ideales de nuestro porvenir.

 

Tal vez el cura Hidalgo, desde su excelsa gloria,

transmitió a su memoria su soberano ideal,

su límpido calvario, su inmarcesible historia,

su inspiración notoria, para poder triunfar.

 

¡Alerta mexicanos!, luchemos con el hombre

que en su alma nunca esconde una traición falaz,

cual buenos ciudadanos marchemos hacia donde

las urnas no responden por la elección audaz.

 

El porvenir que busca el incansable obrero

y el campesino en cueros se debe conquistar,

igual como en la Rusia, veremos con anhelo,

henchido nuestro suelo, de gloria y bienestar.

Abajo burocracia abajo potestades

los señoríos feudales y su dominación,

gritad: “¡Viva Zapata y Plutarco Elías Calles,

y el sonorense que es Álvaro Obregón!”.

 

Que sea la Ley Agraria la que impere y domine,

en todos los confines de nuestra fiel Nación,

no cual la pobre Italia, que sin consuelo gime,

nos venga un Musolini, sin alma y compasión.

 

Sigamos de la Rusia sus rígidas lecciones,

con las oposiciones que engendra el rico audaz,

que cesen las disputas, aquí en nuestras regiones,

mueran las ambiciones y al fin reine la paz.

 

La tierra es el rezago de esa pobre familia,

que al fin se le deriva la pobre humanidad

y siendo de este espacio, la dueña primitiva,

se encuentra, ¡qué ignominia!, en mísera orfandad.

 

Su voz, triste y doliente, jamás fue percibida

por esas camarilla que tenían el poder,

sólo el terrateniente, por gracia inmerecida,

su voz era atendida, sin réplica y doquier.

 

El ángel de la Patria por ella siempre vele

y haga que prospere, allá en su porvenir, 

para que nuestra raza, en condición se eleve,

en un sentido breve y deje de sufrir.

 

El pueblo será un niño, que a nueva vida salga,

sonriendo en los umbrales de su transformación,

siempre que los destinos de México se hallen,

en manos de Elías Calles y de Álvaro Obregón.

(CARLOS BARRETO MARK. Op. Cit., p.33)

 

 

En este corrido se hace elogio y propaganda política a la candidatura  del general Plutarco Elías Calles, quien tomó posesión del Poder Ejecutivo Federal, el primer día de diciembre de 1924, en el Estadio Nacional, para el cuatrienio  que concluyó en 1928. Marciano Silva, en su composición, expresa las esperanzas del proletariado morelense, una vez  que, de acuerdo con la propaganda, los socialistas de Calles ocuparan el poder y la reforma agraria fuese una realidad.

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.