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La Bola de la Aristocracia.

 

“¡Ay, niña de mi alma, si vieras qué modas

se están usando hoy en día!

Realmente profanas, como allá en Gomorra,

 en la ciega idolatría.

No creas que difamo, son cosas notorias

que se miran, día con día

en distintas damas, niñas, señoritas”.

 

“Si aquellos tiempos pasados

volvieran hoy al presente,

se quedarían admirados,

de ver tantos alicientes

que el bello sexo ha inventado

en su descarriada mente,

para atraer con agrado

la atención del pretendiente”.

 

“Hay señoritas de la aristocracia

y también de otras esferas,

que se hacen por moda las enaguas altas,

para mostrarse hechiceras,

salen sin demora al paseo entusiastas

sin llenarse de quimeras,

tan fascinadoras y llenas de gracia

con media pierna de fuera”.

 

“Si es que a la vez se critica,

es con justicia sincera;

esas costumbres malditas

que nos trae la culta escuela.

Ese vestir significa

que ya los hombres no imperan

y que a la vez necesitan

de estímulos para verlas”.

 

“Eso fue inventado allá por Sodoma

cuando los hijos del pueblo

habían encontrado las leyes y formas

que a todos dio el Padre Eterno.

Pero aquí es en vano, los hombres se glorían

de ser muy enamorados;

aunque la miseria les sea muy notoria

y anden muy mal forjados”.

 

“Es una cosa inaudita

ver las costumbres groseras

que se ponen a la vista

de la juventud primera.

Contradanzas de israelitas

me parecen en su esfera

o en los salones de artistas,

alambristas de primera”.

 

“Hay unas doncellas de la clase baja

que también se hallan en boga,

y aunque sea sin medias, pobres y descalzas,

también les gusta la moda.

Salen muy serenas, con rumbo a la plaza,

muy galantes como todas,

mostrando unas piernas tan prietas y flacas

y chamagosas de sobra”.

 

“El pudor se fue al olvido,

la virtud se halla doliente,

el recato fue vencido

por tanto y tanto aliciente

con que el sexo femenino

se bate furiosamente,

desafiando al masculino

a un combate inconveniente”.

 

“En la más humilde hay mayor jactancia,

según por lo que se ha visto;

hacen imposibles por seguir la usanza

de sus modas al capricho.

Usan de escarpines, zapatillas blancas

formando un contraste inicuo,

más bien irrisibles, que no de alabanza,

por su ser tan desprovisto”.

 

“Me refiero a las trigueñas

que usan zapatillas blancas,

rojas o negras las medias

y el traje hasta las medias zancas,

cuyo contraste es la seña

de la impudicia que avanza

con la libertad más plena,

degradando la elegancia”.

 

“A unas, por ventura, les hace algo gracia

dicha moda de vestir;

su fina cintura, sus piernas torneadas

y su andar bello y sutil.

Otras, qué locura, sus piernas delgadas,

sus medias nadando al fin;

flacas esculturas de piedra, y no mármol,

se creen un querubín”.

 

“Si lo que habían de ocultar

por modestia o por virtud,

en obsequio a la moral,

no lo hacen, ¡Qué ingratitud!

Vendrá tiempo, a su pesar,

que llegue la senectud

y entonces mal desearán

su profana juventud”.

 

“Hay unas que tienen, desde la pretina,

en torno de las enaguas,

un listón de razo, desde el cual se miran

mil tiras que van colgadas,

que al andar se extienden flotantes encima

cual lindo paracaídas,

cruzan el ambiente de esta triste vida

como misteriosas hadas”.

 

“¡Cuánto ha traído el presente

para el fanatismo humano!

el glorioso siglo veinte,

que en la actualidad cruzamos.

Nuevas modas, nueva gente,

nuevas costumbres miramos;

y al fin quedarán vigentes

en la tierra que pisamos”.

 

“Ahora los vicarios del globo terráqueo

cumpliendo con la virtud,

predican a diario a sus feligreses

de Cristo la excelsitud.

Pero los profanos hacen sus quermeses

mostrando su juventud

hechos tan mundanos, con lo que degradan

 a aquel que murió en la cruz”.

 

“Los paganos, por ejemplo,

siendo idólatras y moros;

en las puertas de sus templos

y en un sitio, el más notorio,

ponen al Dios del silencio,

anunciando el letra de oro

el mayor abatimiento

y el más estricto decoro”.

 

“Pero hoy los pastores de Cristo se alejan

  de su divina misión,

dejando pérdidas sus fieles ovejas

en la cruel prostitución.

Católicas damas, muchachas y viejas,

en su cruel profanación,

ya mero desnudas, como Eva se muestran

para infundir tentación”.

 

Me despido pesaroso,

moderna generación,

pues creo que, por revoltoso,

me tendrán en la ocasión.

Lo que hago, muy generoso,

una seria reflexión:

al Dios Todopoderoso

por su justa indignación.

(CELEDONIO SERRANO MARTÍNEZ. La Bola Suriana, pp.184 a 188)

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.