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Gracioso el Alba.

 

Gracioso el alba que embellece al territorio

el lindo suelo de la Patria Mexicana,

también los pájaros saludan muy ufanos

con esos cantos alboreando la mañana.

 

Hermosa aurora nos alumbra en el oriente,

con el reflejo de aquel astro luminoso,

yo soy un ser, de los aztecas descendiente,

que me engrandezco al mirarme suelo hermoso.

 

Miro en los árboles su estado corpulento

y las bellezas de los frutos que producen

y los aromas que despiden por el viento

en un paraíso nuestra tierra se reduce.

 

También las flores que el rocío las engalana

las del otoño y también de primavera

siempre se encuentra en sus tintes muy ufanas

incomparable es igualar en su belleza.

 

Hermosa azteca te amaré hasta la muerte

y como dueños hoy los dos de este paraíso

con una cítara mi amor vengo a ofrecerte

ante tus ojos porque amargas horas paso.

 

Vengo por fin ante la faz de tu existencia

como holocausto a ofrecerte  mi cariño

para que tú, como juez, me des sentencia

y me destines según sea mi merecido.

 

Hace algún tiempo que tus huellas he seguido

como una sombra espiritual, no de este mundo,

comprenderás que por tu amor mucho he sufrido

y me perdones mi amor si te importuno.

 

Y si existieran esos genios que, en un antes,

que el grande sabio Salomón los destruyera

me entregaría yo a uno de ellos por amarte

y regalarte los tesoros que quisieras.

 

Hoy no existe nada de eso en este tiempo

de aquella magia no te ofrezco nada, nada,

muy natural es sólo mi ofrecimiento

sólo dedico a tu frente una guirnalda.

 

Bajo este cielo, hermosa azteca, eres nacida

y yo he nacido en esta tierra bendita

pues para mí esta es la tierra prometida

que Dios eterno ofreció a los israelitas.

 

Hace algún tiempo que he querido así explicarte

los sentimientos de mis grandes ilusiones

avergonzado vengo hoy a declararte

que eres la dicha y la reina de mis amores.

 

Que el Dios de Abraham conserve siempre tu existencia

y tu hermosura como virgen venerada

para que así pueda alcanzar correspondencia

y sea el alivio y el consuelo para mi alma.

(JOSÉ LUIS SAGREDO CASTILLO. Colección de Hojas Sueltas)

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.