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Mis Recuerdos a Florencia.

 

¡Oh, cuánto sufro en el mundo tirano!

mi vida ha sido un terrible martirio

¡Oh, Dios Cupido, por piedad tu mano!

me des te ruego, o ven en mi auxilio.

 

Me ayudarás a luchar con frecuencia

contra el dolor que a mi pecho conmueve

pues según veo para mi no hay clemencia

el cielo injusto castigarme quiere.

 

Si porque yo amo con delirio santo

a esa mujer que impaciente me tiene,

tampoco es justo que yo sufra tanto

y que en mi pecho esa mancha quede.

 

Si yo me quejo es con cierta justicia,

contra ese ser que ocasiona mis males

porque ella usando de infame malicia

y atormentar más y más mis pesares.

 

Razón no tienes de tal impaciencia

que entre tu mente se encuentre impregnada

porque al contrario recuerda Florencia

que de mi pecho tu has sido apreciada.

 

Tu te has fijado en tu orgullo tan necio

y por calumnias dejaste de amarme

pero más tarde sabrás qué es desprecio

y sentirás lo que es un cruel desaire.

 

Bien sabe Dios que mi amor era tuyo,

toda mi vida te ofrecí me acuerdo

pero tu, ingrata falaz, con orgullo

me despreciaste y olvidarte  no puedo.

 

Y entonces tu tendrás que arrepentirte

y maldecir tu desgraciada suerte

y cuando casos lleguen a ocurrirte

recordarás de quien supo quererte.

 

En fin, me voy, relicario de mi alma

triste, muy triste, llorando tu ausencia,

sólo esperando que apagues la llama

abrumadora de mi amor Florencia.

 

Si alguna vez fracasare mi anhelo

y en un cadalso yo llego a encontrarme,

sólo te ruego que ele envíes al cielo

una plegaria por quien supo amarte.

(JOSÉ LUIS SAGREDO CASTILLO. Colección de Hojas Sueltas)

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.