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Presagio de Amargura.

 

¡Oh! Cuánto sufro por quererte,  vida mía

desde la hora en que yo te conocí,

mientras lucho con mis penas, ¡Oh María!

ni un recuerdo tan siquiera harás de mí.

 

Con  qué anhelo quise amarte, ángel divino,

y entregarte mi inocente corazón,

pero el cielo quiso que nuestro cariño

se tornase en inocente desilusión.

 

Mas si el cielo nos separa algún día

de esta tierra donde yo te conoció,

tú en mi pecho vivirás siempre, ¡Oh María!

igualmente tú te acordarás de mí.

 

Mi alma herida por este terrible presagio,

antes de ceso yo quisiera para mí,

que me dieras por piedad un tierno abrazo

y un beso para acordarme de ti.

 

No te olvides de aquellos ricos laureles

ni del bardo que ahí te iba a contemplar

desde lejos cuando triste a los dinteles,

de tu puerta salías a divagar.

 

No hay momento más amargo y doloroso

en la vida que es el darse un triste adiós,

sentimiento que se expresa con los ojos

porque vienen tristes lagrimas de amor.

(JOSÉ LUIS SAGREDO CASTILLO. Colección de Hojas Sueltas)

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández. Las Bolas Surianas: Históricas,
Revolucionarias, Zapatistas y Amorosas, de Marciano Silva.

Avitia Hernández Editores. México, Primera edición 2004.
235pp. Edición del autor.