DANZA DE LAS
HUACHAS

Autor: Anónimo.

Siendo enemigos de nuestra causa
los federales en la ocasión,
las de mi pueblo se han vuelto huachas
que hasta suspiran por un pelón,
si es porque tienen bastante plata
y a muy buen precio les dan su amor
ya también dicen ¡muera Zapata!
¡viva el Gobierno! Que es lo mejor.

Por nosotros, oh cruel desgracia,
porque les damos sólo un tostón
nos hacen menos las muy ingratas
y a ellos les brindan su corazón;
alguna vieja no ha de ser huacha
y ha de brindarme tal vez su amor
y si me dice ¡viva Zapata!
¡viva Zapata! Le diré yo.

Lindas mujeres que en dulce calma
dan sus caricias a un "federal",
siendo que riegan con sangre humana
a nuestra Patria pueblo natal;
sin duda deben no tener alma
y si la tierra es muy fatal,
no les conmueve el llanto que exhalan
varias familias sin pan ni hogar.

Si es que me niegan nuestras caricias
porque mi traje no es de duro Rural,
pueden borrarme, borrarme ya de su lista,
que por sentido no me he de dar
soy y prefiero ser zapatista
y no un verdugo cruel militar,
que a hombres inermes la vida quitan
cuando los llegan a derrotar.

Hay morelenses interesables,
sin patriotismo y sin compasión,
que a los verdugos de nuestros lares
brindan gustosas su corazón;
hasta unas jóvenes muy notables
se han vuelto huachas en la ocasión,
pero esas sólo con oficiales
porque son huachas de gran honor.

Muy orgullosas las catrincitas
conversan con ellos sin vacilar;
el uniforme creo las hechiza
o la arrogancia del militar,
pero mañana, por cruel desdicha,
sus napoleones de aquí se van,
quedan las huachas, suerte maldita,
sin la caricias de su galán.

Al fin pasó como se esperaba;
sus pobres Juanes se fueron ya
y unas quedaron ya hasta preñadas
y otras llorando su soledad;
ahora esos niños que a luces salgan
¿a quién le nombrarán papá?
al cruel destino que presenciaba
los tiernos goces de la mamá.

Si algún paisano, tal vez por chanza,
les declaraba su amor legal,
les contestaban: ay, qué esperanza
que a un zapatista yo llegue a amar
yo pertenezco a la aristocracia
y mi adorado es un militar,
y aunque mi pueblo me nombró huacha
yo soy huertista y no "liberal".

Ahora, que vivan las nuevas huachas
que pertenecen a un Escuadrón
que allá en Morelos se han dado de alta
¡en contra de la Revolución!
dicen que ya les provocan basca
los de huarache, tilma o calzón,
porque no tienen bastante plata,
como los Juanes de un Batallón.

¿Qué quieren que haga, queridas huachas?
Pobre he nacido y pobre he de ser,
y si por pobre me dan de baja
allá en sus filas ¿qué hemos de hacer?:
algún día Venus me dará de alta o
entre las ninfas de su vergel
y entonces vayan con Dios las huachas
que no quisieron darme cuartel.

No hay más que para que a mí me quieran
voy a vestirme de munición,
mi pantalón y mi cartuchera,
con mi caballo y mi Remitón ,
entonces viejas nomás tres piedras.
ya con mi chaco seré un pelón
y me darán sin ninguna espera
lo que hoy me niegan en la ocasión.

Muy de mañana tendré mi sueldo
y con mi huacha saldré veloz;
a cualquier tienda donde ligeros
echemos una de a dos
aunque de piojos tenga un sincerro,
flaca y greñuda y yo pelón
seré su viejo con grandes cuernos
y ella mi huacha, feliz unión.


 

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Fuente:

"Danza de las Huachas".
Valentín López González (recopilación).
Poemas y corridos al general Emiliano Zapata. Tomo I.
Instituto Estatal de Documentación de Morelos.
Cuernavaca, Morelos, México. 2002. Páginas 24 y 25.

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