CORRIDO DEL GENERAL
GABRIEL MARIACA.

Autor: Anónimo, adjudicado
a Marciano Silva.

Alza tu frente estado libre de Morelos,
tiende tu vista alrededor de tu entidad,
ya no hallaras hombres valientes en tu seno,
sólo cobardes ante su sacra libertad.

De aquellos hombres que pelearon sin ideal
y que quisieron defenderte sin valor,
siempre venciendo la traición de los cobardes
para que fueras el primero en la Nación.

Haré un recuerdo del gran general Zapata,
que por el pueblo a la tumba en (ilegible)
en compañía de otros jefes de gran fama,
que en sarcófago su cama ahora en paz.

Pero es en vano tanta sangre que ha corrido,
para quitar la esclavitud de nuestro estado,
ahora el Gobierno militar se ha convertido
en un error, porque así lo ha decretado.

Ya se han ido acabando los caudillos
por una infamia que les lleva a la traición,
hombres inertes convertidos en esbirros
para huir lejos de la persecución.

Año inoportuno de novecientos veintitrés,
según los datos que yo voy a referir,
de una traición, la más infame en esta vez,
que entre nosotros los hombres va a existir.

Lunes funesto, no quisiera recordar,
seis de diciembre, a las nueve de la noche,
en una casa fue aprehendido un general,
hombre valiente y respetado por su nombre.

Nadie pensaba en aquella vil traición,
si las celadas que tenían para aquella ahora,
iban pensando en aquella vil traición
el señor Cruz y el señor Zamora.

Al dirigirse José Cruz hacia su lecho,
estas palabras le dirige al general:
"Traigo la orden para que se dé por preso,
y en el momento me va usted a acompañar".

En aquel acto se levanta el general,
para cumplir aquella orden que llevaba,
mas, sin pensar lo que le fuera a pasar,
dio su pistola al capitán primero Almaya.

Luego que vieron que ya estaba desarmado,
lo encaminaron para afuera del zaguán
y se lo llevan en un coche custodiado
hacia el sur de Cuernavaca Chipitlán.

Llegando al punto que tenían tal vez pensado,
para acabar con un valiente liberal,
luego, al momento, se aparecen los soldados
y le conducen para aquel trance fatal.

"Oígame Cruz, quiero me escuche unas palabras,
quiero saber, ¿por qué voy a ser fusilado?,
seguir quisiera el hilito de mi causa,
moriré porque así Dios lo ha estimado".

A sus preguntas José Cruz le respondió:
"No tengo culpa general, yo soy mandado,
sólo cumplo una orden de De la O,
y en el momento va uste' a ser fusilado".

"Hasta que al fin se les cumplió lo que deseaban,
ahora disponga como se les dé la gana,
morir es fuerza, me conviene y no pensado,
que a quien tanto le serví, me ha traicionado".

Se oyó el descargue de aquel vil asesino
donde acabaron con la vida de un (ilegible)
sólo las aves atestigan con sus cantos
y el Ser Supremo, el que moriste con valor.

Después de muerto recogieron el cadáver
y se lo llevan, en un coche, a sepultar,
allí en presencia de la justa Patria madre,
fue presentado ante el cuartel general.

Ya están cumplidas sus órdenes general,
ahora usted diga lo que debemos de hacer,
(ilegible)
y que esto quede en silencio hasta la vez.

En paz descanse, general Gabriel Mariaca,
hombre magnánimo de gran reputación,
aunque se tarde vengarán su sangre amada
y castigar de los culpables la traición.

Ya ni oigo el trino de las aves en los campos,
ya ni las flores embelezan con su olor,
sólo el silencio que quedó, entre los hombres,
y en esa infamia te moriste con valor.

A Dios le pido que tu alma sea recibida,
y en descanso, para siempre se hallará,
pues fuiste mártir que luchaste entre la vida,
en compañía de tu pueblo liberal.

Perdón le pido a todo el público presente,
que disimule esta mi corta versión,
si en algo he errado les suplica me dispensen
y ante sus plantas soy de ustedes servidor.

 

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Fuente:

Antonio Avitia Hernández.
Corrido Histórico Mexicano.
Voy a cantarles la historia (1916 - 1924)
Tomo III. Editorial Porrúa.
Colección Sepan Cuantos...
México. 1997. p. 206-208.

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