CANTO DE DOLOR
Y AMOR A
EMILIANO ZAPATA.

Autor: Guillermo Monroy B.

Aquel año.
Año 1919.
Año amargo.
Año funesto.
Año glacial,
Pardo año alimentado por el odio.

Aquel día
Diez de abril
Día lacerante
Infausto día de la ira
Del dolor
De la tristeza
Aborrecible día de la muerte traicionera.

Año y día terribles
que entraron a la historia sombríamente
Año y día del regocijo criminal
Alio y día envueltos
Con las aborrecibles tinieblas de la cobardía.

Emiliano Zapata tiene una cita...
En la Hacienda de Chinameca.
El general asiste confiado
Limpio el corazón
Alta la frente
Transparente el espíritu.

Diez
Treinta
¿Acaso cien?
¿O mil?
¿Cuántos ojos,
Fusiles, Manos,
Lo acechan ocultos
Temblando incontenibles por el pánico?

Un[a] jauría de chacales hambrientos
Van a hartarse
Con la encendida sangre
Del indomable guerrillero suriano.

¿Por qué la húmeda voz de la tierra.
El animador susurro de los cañaverales,
El cálido y acariciante viento del sur.

El eco de los grillos guerrilleros
En las serranías, no te lo hicieron saber?
¿Por qué callaron?
¿Por qué no te pusieron alerta?
¿Por qué tuviste que ir a Chinameca
valiente Miliano?

Teatral y engañoso
Burlón y fatal
Fue el cuadro de honor que te formaron
Para recibirte, a ti
Confiado, cumplido general.

¿Majestuosa, gallarda,
Imponente y recia
Lucid figura, Emiliano Zapata!
Entonces:
El abominable matarife traicionero
Abriendo con horribles gesticulaciones
Su boca tumefacta.

Monstruosa boca-flor-carnívora-insaciable
Lanza al aire un pavoroso alarido
Mezclado entre ruidos de tambores y clarines
Dando la victimaria orden... ¡fuego!

El aire cristalino se rompió
Haciéndose añicos
El humo de la pólvora cubrió
A la hacienda y sus jacales
A los hombres y a los vegetales
A los ríos y manantiales.

Todo se hizo obscuro
La luz desapareció, se fue, se ahogó
Surcos de ira y amargura
De dolor e impotencia se abrieron
En los desconcertados corazones
Campesinos

¡Bosques de fusiles!
Enjambres de balas ululantes
Múltiples sentimientos de odio
De terror, de cobardía y envidia
Un despreciable puñado de corazones putrefactos
Centenares de enucos hipócritas y alevosos
Se necesitaron para inmolar.

Tu potente cuerpo de acero.
Emiliano Zapata.
Te desplomaste como un coloso.
¡Increíblemente!
Y en instantes.
Te quedaste quieto.
Cuánta angustia...! ¡Cuánta!

Quedaron quietos tus entrañables ojos soñadores
Quedó quieto tu frondoso bigote varonil
Quedaron quietas tus fuertes manos labradoras
Quedó quieta tu franca boca-flor del campo
Quedaron quietas tus incansables piernas camineras
Quedó quieto tu certero máuser justiciero
Quedó quieto tu brioso caballo sensitivo
Quedó poderoso tu cuerpo de titán
Modelado con barro húmedo y moreno
Saturado de encendidas fragancias terrenales.

Caíste, valiente Emiliano
Sin ver cumplida
Sin cumplirse aún
La noble causa
Por la cual luchabas.

Físicamente ya no existes
Pero la fuerza encantadora
De tu espíritu rebelde
Tu apasionado amor a los campesinos
A la tierra y a la libertad
Son fuego alimentador
De juveniles alientos revolucionarios.

Noble y audaz agrario
General auténtico
Amado Calpuleque
Caudillo inigualable
Sol de tierra
Sol de viento
Sol de agua
Sol de fuego
Sol de movimiento

¡Sol de soles!
Oriéntanos siempre
Con tu resplandeciente luz liberadora
Inolvidable
Amado general
Aquí termino este canto
Dedicado a ti con profundo dolor y amor
Diciéndote por último:

Con la voz que me prestaron las flores silvestres
Con la voz que me dieron los pájaros cantores
Con la voz que me brindó el viento tropical
Con la voz que me regaló el maíz tierno
Con la voz que heredé del sol crepuscular
Con todos los hábitos de la tierra labrantía
Congregados en mi garganta.

¡Loados sean tus respetables padres.
Don Gabriel Zapata.
Hombre admirable y de pura ley:
Doña Cleofas Salazar, hermosa mujer-flor
Que con un prodigioso
Milagro de amor te concibieron!

¡Lo sea Anenecuilco.
Humilde y privilegiado pueblo
En donde viste la luz primera!

¡Loada sea la fecunda tierra morelense
Que te alimentó y dio fuerza
Para acaudillar atinadamente
A tus abnegados y heroicos campesinos!

¡Santuario del agrarismo sea
Dedicado a ti y a la revolución
La hacienda de Chinameca
Sublimada con tu preciosa sangre campesina
Odiados, condenados sean
En cada momento, por el pueblo
Todos y cada uno de los traidores
Civiles y militares torvos
Que tenebrosamente planearon tu muerte!

Vivo.
Tremendamente sonoro
Y eterno sea
Tu grito incendiario
Grito del campo
Grito alentador
Grito de los rebeldes
Grito de los desamparados
Grito de los humillados
Grito de los que no claudicarán nunca.

¡Tierra y Libertad!
¡Tierra y Libertad!

 

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Fuente:

Valentín López González (recopilación).
Poemas y corridos al general Emiliano Zapata.
Tomo II.
Instituto Estatal de Documentación
de Morelos. Cuernavaca, Morelos,
México. 2002. Páginas 5 y 6.

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