EL GRITO DE ZAPATA.

Autor: Sara Malfavón.

¡Tierra y Libertad! Y el grito abierto
fue por montes y valles rebotando
y como alud, sobre el erial desierto,
de jacal en jacal, iba llamando.

¡Tierra y Libertad! Había en el grito
la protesta por siglos contenida,
la protesta del paria, del proscrito,
que cobraba sus bonos a la vida.

Venía de Anenecuilco la llamada,
desgarrando el silencio de la hora
y quedó, cual bandera desplegada,
meciéndose a los vientos retadora.

Clavó sus puntas sobre el suelo magro
y echó el anhelo potencial raigambre,
se alzó el labriego y realizó el milagro,
ahogando a solas su miseria y hambre.

Y a la lucha se fue valientemente
portando el banderín del agrarista,
miró a la muerte temerariamente
y fue la tierra su mayor conquista.

Junto al fogón del extinguido fuego
la madre espera que regrese su hombre,
y dulcemente; cual si fuese un ruego,
enseña al hijo de Zapata el nombre.

La tosca fibra del calzón de manta
manchó de rojo, la tenaz contienda.
La milpa verde que el crestón levanta,
al peón le dijo: que la fe se encienda.

Defiende el surco porque el surco es tuyo
el maizal, que tu azadón barbecha,
la tierra negra que te causa orgullo
y te da el grano de la anual cosecha.

Defiende el borde que sembró tu mano,
el monte agreste que el jilote guarda,
la tabla llena, que campea en el llano,
tupida u alta, por la buena escarda.

Y el ansia nueva sacudió el ejido
y abrió el zanjón en la llanura seca
mientras Zapata, por la espalda herido,
encontraba la muerte en Chinameca.

¡Tiara y Libertad! Voz del pasado
arraigada muy hondo en el presente,
voz que en el tiempo rubricó el arado
y en los jacales, se quedó latente.

¡Tierra y Libertad! Ha de escucharse
de frontera a frontera por los campos,
cuando la espiga, comenzando a orearse,
vista los valles de dorados campos.

Pues sobre el área de la patria entera,
ha de oírse la voz del campesino
que sabrá defender esa bandera
como la clave de su propio sino....

¡Tierra y Libertad! Será su grito
que irá rodando por el monte abajo,
como estrofa que sube al infinito
en el himno campestre del trabajo.

31 de mayo de 1969.

 

.
Fuente:

Valentín López González (recopilación).
Poemas y corridos al general Emiliano Zapata.
Tomo II.
Instituto Estatal de Documentación
de Morelos. Cuernavaca, Morelos,
México. 2002. Página 14.

Ver índice de todos los corridos