ZAPATA.

Autor: Justo A. Santana.

Símbolo del dolor que se subleva
transformado en azote iconoclasta,
llamarada vibrante y gigantesca
que retadora se alza,
purificando con su raudo vértigo
cuando a tocar alcanza.

Titán, en que se revelase sublime
la potencia latente de una raza
solemne y silenciosa cual sus bosques,
inconmovible como sus montañas.

Intuitivo asombroso
tú resumes y encarnas,
el valor temerario,
la nobleza y la audacia.

Sobre tu brioso penco,
con la victoria en ancas,
regaste la simiente bienhechora
por tu amor fecundador,
que óptima reprodujese en mil frutos
en la región suriana.

Tu hiciste el gran milagro
de encender en la masa
de vencidos ilotas
libertadoras ansias;
y, como torrente desbordado,
que arrollador avanza.
abatiste sañudo
todo un pasado de dolor y lágrimas.

A tu clamor de: "Libertad y Tierra",
desrrumbóse humillada
de los encomenderos despiadados
la vergonzosa casta.

Tu apotegma famoso:
"Para quien la trabaja
la tierra debe ser", hoy es bandera
que tremolan gallarda
todos los proletarios que en el mundo
por la igualdad batallan;
saben ellos muy bien, que los principios
firmes que sustentabas,
eran opuestos al sistema inicuo
que instituyó la propiedad privada.

¡Vida ejemplar la tuya!
contra toda codicia abroquelada.......

No te llevó a la lucha
una pasión insana,
tu ambición era noble,
tan pura y levantada
que, a pesar de que fuiste poderoso
dominando vastísima comarca,
jamás ambicionaste el oro inmundo
cuyo contacto encanallese y mancha.

Por eso tu figura
con el tiempo, más crece y se agiganta
y, hasta los que ayer te combatieron
con implacable saña,
respetuosos te nombran y veneran
Emiliano Zapata.

Aunque caíste al golpe
de una torva celada
y tu cuerpo perdióse entre las sombras
insondables y eternas de la nada,
flotando en el ambiente
quedó tu arenga cálida,
que a los tuyos alienta en la pelea
renovando en sus pechos la esperanza,
de acabar con los déspotas
que, aún, insolentes, mandan.

Gonfalón de combate:
tu cuerpo ensangrentado se levanta
y, tus verdugos, que mutar creyeron
contigo los arrestos de tu raza,
comprendieron bien tarde, que una idea
no se extingue, o acaba,
aunque a mares derrámese la sangre
de quienes denodados la proclaman,
que un martirio fecunda y vigoriza
el triunfo de una causa.

Ya la pródiga tierra, madre augusta,
no entregará sus frutos amargada,
a los que vivan del dolor humano
como cuando antes de que tú llegaras;
ahora, serán sus poemas y sus mieses,
tan sólo para quienes la trabajan.

Ya el látigo del safio encomendero
no cruzará la espalda
del gañán fatigado y dolido,
pobre bestia de carga
que ayer, sobre el barbecho doblegado
su existencia agotaba.

Ya saben tus hermanos redimidos
caminar con la frente levantada,
por ti saben que nunca la justicia
debe ser de rodillas implorada,
que hay que exigir erguidos
en actitud gallarda
y que cuanto se oponga en su camino
caer debe a sus plantas.

Por eso, tu figura
con el tiempo, más crece y se agiganta
y, hasta los que ayer te combatieron
con implacable saña,
respetuosas tu nombre veneran
Emiliano Zapata.

 

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Fuente:

Valentín López González (recopilación).
Poemas y corridos al general Emiliano Zapata.
Tomo II.
Instituto Estatal de Documentación
de Morelos. Cuernavaca, Morelos,
México. 2002. Páginas 30 y 31.

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