BOLA TOMA DE
CHILPANCINGO.

Autor: Marciano Silva.

1

Soberano Atila, Victoriano Huerta,
el momento se ha llegado
de que al fin te pida y una estrecha cuenta
la nación ante un jurado,
creo que si mil vidas das en recompensa
por las muchas que has segado,
no serían cumplidas aún las exigencias,
según el paso que has dado.

2

Tú, que sin ningún sufragio
del pueblo, ni simpatía,
llegaste a ser en palacio
la más grande jerarquía,
por medio de un cuartelazo,
cuyo autor fue Félix Díaz,
y un terrible asesinato
que perpetuaste, a fe mía.

3

De luto has llenado ya la madre patria,
con tanta sangre inocente
que se ha derramado sólo por tu causa
allá en los campos agrestes;
tú has desprestigiado en nuestra comarca
al ejército valiente,
siendo los soldados segundos de Esparta
en el nuevo continente.

4

Hoy ese ejército digno
que batió a Maximiliano
sólo es un cruel asesino,
traidor, vil e incendiario,
que ha trocado su heroísmo
por unos cuantos denarios
que le brinda su caudillo,
como pobres mercenarios.

5

Para conquistar a Emiliano Zapata,
mandaste al bravo Cartón,
hombre criminal, según se relata
sus hechos en la ocasión;
quiso demostrar que era hombre sin tacha
ante la Revolución,
pero fue a encontrarse con hijos de Esparta
en el rancho de Rincón.

6

Del estado de Morelos
se fue aquel hombre asesino
al estado de Guerrero,
a auxiliar a Chilpancingo,
pues según nota le dieron,
se hallaba en grande peligro
esa plaza, y muy ligero
bajó el valiente caudillo.

7

Zapata salió de Paso Colorado
con rumbo hacia Chilpancingo,
con Ignacio Maya, hombre ameritado,
y otros jefes distinguidos,
dejando esa plaza, según me he informado,
en febrero veinticinco,
pues a cuya plaza iba destinado
con fin de ponerle sitio.

8

Llegó a Tixtla de Guerrero
con fecha día diez y seis
de marzo, según recuerdo,
aquel espartano fiel.
Hosanna el patriota genio
y esclarecido Moisés,
que viene a darle a su pueblo
libertad, justicia y ley.

9

Ahí se le unieron Encarnación Díaz,
Jesús Salgado y más jefes,
bravos guerrilleros, por su bizarría
y su valor tan ingente.
Según mi concepto, el total que había
eran seis mil combatientes
los que a Chilpancingo pronto accederían
con heroísmo suficiente.

10

A diecisiete del mismo,
pensó el general Zapata
poner sitio a Chilpancingo,
para tomar esa plaza;
su deseo se vio cumplido,
pues triunfó la santa causa,
corriendo despavorido Cartón
y demás comparsas.

11

Allí se encontraban Cartón y su hijo,
y otros dos generales:
Paciano Benítez, brigadier invicto,
y Poloney, que notable
fingía como gobernador del distrito,
siendo el número de leales
dos mil setecientos, según por lo dicho,
entre fuerzas oficiales.

12

Cuando Cartón vio enseguida
las fuerzas aproximarse,
se arrojó hasta Petaquilla,
a evitarles el avance;
mas la suerte les fue esquiva,
porque lo privó el dios Marte
de la gloria, pues de huida
regresó hasta sus baluartes.

13

Desde ese momento fueron combatidos
por las fuerzas de Zapata,
siendo el detrimento para el enemigo,
por sus numerosas bajas.
Un valor inmenso entre ambos partidos
se desplegaba sin tacha,
llegando en sus hechos hasta el heroísmo
en esas horas infaustas.

14

Cartón en tan triste caso
vio que en vano resistía,
por eso dejó en el acto
la plaza que defendía:
a veinticuatro de marzo
rompió el sitio aquella arpía,
un día martes, a las cuatro
de la mañana serían.

15

Rompieron el sitio aquellos campeones,
dejando así la victoria,
llevando consigo un par de cañones
y seis ametralladoras.
Según, el principio de su fuga
era llegar sin demora
al puerto lucido de Acapulco, donde
había más escapatoria.

16

Pero el invencible Maya,
cuando supo su evasión,
por el punto en donde se hallaba
se fue en su persecución;
con las fuerzas que él mandaba,
aquel valiente campeón
hizo deponer las armas
a los bravos de Cartón.

17

Pues se distinguieron como coroneles
por su arrojo en esa vez
don Fortino Flores, Plutarco Gutiérrez
y Avelino Cortés,
Adrián Huicochea, Juan Vara, leal jefe,
y Maturena también,
el mayor Medina y Urbano Gutiérrez,
capitán, a mi entender.

18

Los soldados principales,
uno es Vicente Escamilla,
Camilo Ruiz, José Hernández,
Carmen Montes, que admira;
combatían a los leales,
poniendo a tregua su vida,
en unión de Jesús Sánchez
y el señor Samuel Medina.

19

Allá en Petaquilla fue el primer paraje
donde Cartón, sin demora,
resistió altanero el primer combate,
que duró casi una hora,
dejando en su miedo un cañón y parque,
y dos ametralladoras,
y cien prisioneros, y muertos bastantes,
en su fuga tan notoria.

20

De allí trató de escapar
buscando un lugar propicio,
y al llegar a Mazatlán
hizo alto con mucho ahínco;
en media hora de luchar
murió Luis Cartón el chico,
y con él sesenta más,
soldados y otros cautivos.

21

Resistir no pudo a tan cruel desastre,
y volvió a correr de nuevo
a un cercano punto que nombran La Imagen,
donde con mayor denuedo
se peleó, muriendo varios liberales
y treinta más de gobierno,
entre ellos un famoso Guerra indomable
y doscientos prisioneros.

22

De allí corrió a Cahuizotla
aquel valiente guerrero,
donde su cuarta derrota,
según el parte que dieron:
le avanzaron de su tropa
a cincuenta prisioneros,
y otros que hoy cubre una fosa
en aquel extraño suelo.

23

Sin fuerzas ni aliento, los pobres pelones,
muertos de cansancio y sed,
en la memorable cuesta de cajones
fueron por la quinta vez
diezmados, dejando entre sus campeones
muerto a don Juan Poloney,
y ametralladoras, dos, según informes,
y prisioneros también.

24

Al ver Cartón su espantosa
situación de aquel momento,
grita con voz imperiosa
que se toque a parlamento.
Maya, al presenciar tal cosa,
manda que todos violentos
avancen sobre la tropa
desarmándolos a un tiempo.

25

Allá en ese rancho que El Rincón se llama
se dio fin aquí a esta historia,
pues trescientos hombres rindieron las armas,
entregando en aquella hora
el cañón segundo al fin que les daba,
y dos ametralladoras,
rindiendo Benítez y Cartón su espada
al héroe de la victoria.

26

Cartón, cual hombre invencible,
le contestó al vencedor:
"Si es que he llegado a rendirme,
no es por falta de valor:
peleé hasta que fue posible
en defensa de mi honor,
y si pudiera batirme,
pelearía con más furor.

27

"Quiero me conceda usted, mi general,
por su bondad le suplico,
que me dé licencia de ir a levantar
a mi idolatrado hijo,
deber que me exige el amor paternal
en este grande conflicto,
y después que se haga su fiel voluntad,
si es que así fuere preciso".

28

El permiso se le dio
que lo fuera a levantar,
cuyo plazo presenció,
todo lleno de pesar;
el cielo le concedió,
como premio a su maldad,
sentir lo que otro sintió
por su grande iniquidad.

29

Así se expresó en aquellos momentos
aquel hombre varonil,
que en su corazón no hubo sentimiento,
pero hubo arrojo al morir;
al fin comprendió que era corto el tiempo
que tenía ya que vivir,
y se resignó a morir contento,
para no dar que decir.

30

Como un recuerdo notable,
queda el rancho del Rincón,
donde con sus tropas leales
fue vencido Luis Cartón
por las fuerzas liberales
y sus jefes en misión,
a las cinco de la tarde,
según mi mal comprensión.

31

Fueron conducidos con mucha premura
para Tixtla de Guerrero,
y allí reducidos a prisión oscura,
hasta que el jefe supremo
y demás caudillos, sin demora alguna,
convocaran a un sanedrín
que de sus delitos juzgara en suma,
sentenciará muy severo [sic].
32

En consejo extraordinario
de guerra provisional
Luis Cartón fue interrogado
por aquel gran tribunal;
respondió los cargos
que se le hacían a la par,
antes de ser sentenciado
por el código penal.

33

De pie el acusado ante de su juez,
le preguntó muy sereno:
- ¿Cuántos son los pueblos que usted ha
incendiado
en la entidad de Morelos?
- Son tantos que al menos no recuerdo a fe
-le respondió con imperio-,
y si más pudiera, quemaría también
al estado de Guerrero.

34

- ¿Dónde encontró usted esa ley
tan cruel y tan arbitraria
de colgar a una mujer
después de martirizarla?,
siendo que está en su deber
de todo hombre venerarla,
porque es un santuario fiel,
dulce inspiración del alma.

35

- Yo creo que no hay ley que nos autorice
para tales atentados,
pero en mi poder de soldado existe
un requisito sagrado:
es obedecer la] aquel que nos rige,
y según nos ha ordenado,
porque el que a la vez esta ley infringe
es un insubordinado.

36

- Pues muy bien, Luis Cartón,
hombre leal y obediente,
si es que Huerta lo mandó
a proceder tan vilmente,
puede usted en la ocasión
contestarle al presidente
que venga sin dilación
a salvarlo de la muerte.

37

Desde ese momento salió sentenciado
a la pena capital,
siendo conducido por varios soldados
aquel bravo militar,
para Chilpancingo de Nicolás Bravo,
donde se iba a ejecutar
por un cuadro digno, cual se había ordenado
por aquel gran tribunal.

38

Aquél, cual signo, dio fin
a sus crímenes feroces,
aquel hombre de alma vil
que mil desprecios recoge,
murió cual un paladín,
enviando al mundo un reproche,
un día lunes seis de abril,
mil nueve cientos catorce.

 

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Fuente:

Guillermo Bonfil Batalla, Teresa Rojas Rabiela
y Ricardo Pérez Montfort. Corridos, trovas y
bolas de la región Amecameca - Cuautla.
Colección de don Miguelito Salomón.
Colaboración de Raúl Eduardo González.
Fondo de Cultura Económica, CIESAS, UMSNH, CM.
México, primera edición 2018. Páginas 185 a 189.

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