DUELO DE
EMILIANO ZAPATA.

Autor: Marciano Silva.

1

A los presentes, por favor yo les suplico
que me permitan un momento su atención:
aunque sin teórica en el arte ni principio,
voy a cantarles una rústica canción.

2

Es una historia, la más triste por su estilo
donde se narran episodios dolorosos,
donde se ve la recompensa que un caudillo
tuvo de un hombre, el más traidor y alevoso.

3

Allá en el año diez y nueve, ¡oh!, qué desgracia,
el diez de abril a la una y media, hora funesta,
un hombre alevoso asesinó al jefe Zapata,
allá en la hacienda de San Juan Chinameca.

4

Lo asesinó por traer el nombre de bandido,
según la prensa en sus columnas declaraba,
pero la causa de su crimen fue y ha sido
porque pedía para los pueblos tierra y agua.

5

Creo que la tierra se formó por ley escrita
para el servicio de la pobre humanidad,
mas los iberos por derecho de conquista
se apoderaron de ella y nuestra libertad.

6

Hastiado entonces de sufrir ya el bajo pueblo,
se rebeló al señor Porfirio Díaz,
acaudillado por don Francisco I. Madero,
para acabar con tan funesta tiranía.

7

Madero al pueblo le ofreció con frenesí
que si triunfaba lo haría digno y acreedor
de las promesas que traía el Plan de San Luis,
pero muy pronto la reacción se levantó.

8

Entonces fue cuando un hijo de Ayala
o San Miguel Anenecuilco, digno y fiel,
alzó esa límpida bandera que rodaba
tinta en la sangre del noble mártir aquel.

9

Le refutó su acción tan vil y miserable
que hizo a los pueblos que entusiastas lo pedían,
y el juramento que firmó allá en Ciudad Juárez
marchando el acta sólo por galantería.

10

Peleó con Huerta y el muy pérfido Carranza,
queriendo hacerlos que cumplieran las promesas;
pero estos hombres, fiados en la plutocracia,
por tierra y agua le mandaron bayonetas.

11

Pablo González y Jesús M. Guajardo,
hombres expertos en el modo de matar,
con traición porque en la lid fueron menguados,
en prueba de ello se lo voy a declarar.

12

Para acabar con los purísimos ideales
que el gran suriano traía escritos en su mente,
premeditaron el hacerse unos rivales
mostrando al vulgo que se odiaban, pero a muerte.

13

Muy bien hicieron su papel, pues a Guajardo
mandó González encerrar en la prisión,
para hacer creer que se le había insubordinado
y que lo odiaba con justísima razón.

14

Cuando Zapata tuvo nota de este asunto,
mandó a Guajardo una amistosa invitación
para que al fin lo secundara, y todos juntos
dieran el golpe más funesto a la reacción.

15

Guajardo entonces le escribió que se encontraba
dispuesto al fin a secundarlo en tal empresa,
si bajo palabra de honor le aseguraba
el darle ciertas garantías a él y a sus fuerzas.

16

Zapata entonces contestóle sin malicia:
- Le otorgo a usted toditas esas garantías
y le concedo el mismo grado en la milicia,
hasta ponerlo de más alta jerarquía.

17

"Mas lo que quiero es que me aprehenda a Victorino
y me lo mande sin demora a este cuartel,
pues los traidores de la vida no son dignos
y es muy preciso que yo me entienda con él."

18

Pero Guajardo, siendo al fin su compañero,
cincuenta y nueve voluntarios de él entrega,
y en un paraje que nombran Mancornadero
ahí los pasan por las armas sin más tregua.

19

Viendo Zapata el hecho aquel que hizo Guajardo,
creyó sincera su adhesión y su falsía,
y le otorgó grado y poder a un vil menguado
que solamente exterminarlo pretendía.

20

Después marchó a tomar a Jonacatepec
para granjearse de ese modo más su afecto,
donde tan sólo un simulacro creo que fue,
porque en tan fuerte tiroteo no hubo ni un muerto.

21

De ahí marchó, más orgulloso que un espartano,
a Tepalcingo cual ilustre vencedor,
y a su encuentro le salió el jefe Zapata,
condecorando su estrategia y su valor.

22

Entre mil vítores del pueblo y alborozo,
entró Guajardo a Tepalcingo con el jefe,
y, según datos, después de un gran reposo,
marchó Guajardo a Chinameca con su gente.

23

Como Zapata fue invitado por Guajardo,
a Chinameca tuvo que ir al otro día,
para tratar ciertos asuntos reservados,
y entregarle algo de parque que traía.

24

Marchó del Agua de los Patos, según cuentan,
a Chinameca con su escolta muy temprano,
donde llegó, según, a las siete cuarenta,
el diez de abril, un triste jueves desdichado.

25

Ciento cincuenta eran los hombres que traía,
pues no pensaba en la más mínima traición,
y el vil Guajardo con seiscientos no podía
darle la muerte cara a cara en la ocasión.

26

Allá en un cuarto contiguo hacia la hacienda,
Guajardo y otros con el jefe se reunieron,
para tratar con mucho tacto y más prudencia
todos los planes que tenían contra el gobierno.

27

Para no errar, hizo correr la voz espuria
de que el gobierno se acercaba muy veloz,
y guarneció sin dilación bosques y alturas,
y las salidas, demostrando su temor.

28

Zapata entonces tomó la Piedra Encimada,
y, al separarse, el vil Guajardo le decía:
- Usted me ordena si salgo con avanzadas
de puro infante, o mejor caballería.

29

-No puede ser, porque hay inmensos alambrados,
y son obstáculos a las caballerías;
para que el éxito se logre y sea ganado,
mejor le ordeno salga con infantería.

30

Cesó la alarma y todo quedó tranquilo,
a su calvario se acercaba el redentor;
ya de aquel drama el acto daba aturdido,
el último acto de barbarie y de dolor.

31

Comisionó Guajardo al capitán Castillo
para que fuera a traer al jefe en nombre de él,
recomendándole que fuera muy cumplido
en invitarlo, para que fuera con él.

32

Después de un rato, pidió el jefe su caballo,
y diez de escolta para que fueran con él,
y se lanzó para el cuartel donde Guajardo
muy impaciente le esperaba ya a comer.

33

Cuando tuvieron la noticia que llegaba,
luego se oyó el toque de honor muy entusiasta:
la guardia vil y veleidosa presentó armas,
para después hacerle fuego, ¡qué desgracia!

34

Al apagar su última nota los clarines,
se oyó el fragor de una tristísima descarga:
cae Zapata, el que luchó siempre invencible,
con su asistente y otros que le acompañaban.

35

- "Esa no es honra militar - alguien les dijo-.
No son soldados de opinión los que así matan:
matar a un hombre sin hablarle es un delito
con que a la digna sociedad necio se ultraja.

36

"Tened el fallo de la historia, que algún día
os llamará seres indignos de la patria,
que habéis trastocado el pundonor y la hidalguía,
premeditando alevosía, miedo y ventaja."

37

Murió Zapata, el luchador inexorable,
a quien ni el oro ni la plata deslumbró;
de sus caudillos, quién tal vez podrá imitarle;
allá la historia lo dirá, tal vez, o no.

38

Cuando Guajardo vio su traición realizada,
mandó al momento atravesarlo en un caballo,
para que a Cuautla sin demora lo llevara,
a recibir los parabienes de don Pablo.

39

Qué de atenciones le brindó Pablo González
cuando del cuerpo del suriano hizo entrega:
cincuenta mil pesos fue el precio miserable
que la nación tuvo que darle a esa pantera.

40

Varias familias con llanto demostraban
su gratitud y su cariño hacia Zapata,
que como Cristo llegó al fin de su jornada,
por libertar de la opresión a nuestra raza.

41

Guachos y guachas se paseaban por las calles
en un estado de ebriedad, diciendo al pueblo:
"Hoy sí, bandidos, se les acabó su padre;
si no lo creen, allá en palacio irán a verlo".

42

Sobre su tumba, allá en Morelos se halla un ángel
mostrando un libro a la pobre humanidad,
donde se lee con un afecto delirante:
"La tierra es libre para todos"; dicho está.

 

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Fuente:

Guillermo Bonfil Batalla, Teresa Rojas Rabiela y
Ricardo Pérez Montfort. Corridos, trovas y
bolas de la región Amecameca - Cuautla.
Colección de don Miguelito Salomón.
Colaboración de Raúl Eduardo González.
Fondo de Cultura Económica, CIESAS, UMSNH, CM.
México, primera edición 2018. Páginas 194 a 196.

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