DUELO DEL
GENERAL ZAPATA.

Autor: Lucas Torres, de
Amecameca de Juárez.

1

Después de que el apóstol don Francisco I. Madero
del Plan de Ciudad Juárez ingrato se burló,
al ver hecho un despojo y caído por el suelo
ese estandarte honroso que repudió altanero,
un pobre campesino al fin lo levantó.

2

Ese fiel campesino fue el inmortal suriano
que indómito peleaba por el Plan de San Luis:
al ver que su caudillo había ya caducado,
abre valiente y digno ese pendón sagrado,
siguiendo con las armas luchando hasta el morir.

3

Fue Emiliano Zapata el hombre sin segundo
que ante la plutocracia su diestra levantó,
fue un ángel de la patria, un redentor del mundo
que por su humilde raza duerme el sueño profundo
en los brazos de Vesta por voluntad de Dios.

4

Al ver la tiranía que contra los aztecas
los blancos desplegaban, siguió a un falso líder;
tumbó a Porfirio Díaz, después siguió con Huerta,
peleó con bizarría contra las hordas necias
del infeliz Carranza, donde llegó a caer.

5

Como los propietarios de este jirón de tierra
compraban los gobiernos con oro nacional,
para que el proletario nunca libre se viera,
teniendo sólo un amo y una sola miseria,
ganando en los ingenios un mísero jornal.

6

Por eso es que Carranza le dio a Pablo González
el mando de las fuerzas del sur sin vacilar,
para que de Zapata murieran los ideales,
pues vio que de esa Esparta sólo él podía salvarle,
por tener más astucia que valor militar.

7

Hombre de mucho ingenio, él y Jesús Guajardo,
para esgrimir el arma de la más vil traición,
pues de pronto se hicieron unos improvisados
rivales, al extremo que dispuso don Pablo
de que al fin se arrestara a Guajardo en la prisión.

8

Luego salió de Cuautla la cándida noticia
que Guajardo y González se odiaban con furor;
entonces Emiliano sin pérdida lo invita,
creyendo que el pirata constitucionalista,
como al fin resentido, obraría a su favor.

9

Guajardo le contesta que dispuesto se hallaba
a secundarlo siempre, si el perdón le ofrecía;
Zapata, en su respuesta tan fiel y entusiasmada,
dijo: "Con esta fecha queda garantizada
su vida y al presente su misma jerarquía".

10

Después de esto, le ordenó que sin pretexto alguno:
"Me aprehenda a Victorino por ser un vil traidor,
y me lo mande luego, pero muy bien seguro,
pues soportar no puedo a ese falaz perjuro
que ha pisoteado indigno su palabra de honor".

11

Pero Guajardo a trueque de Bárcenas le entrega
sesenta voluntarios de su brigada de él,
contestándole al jefe que su orden no se lleva
a efecto estrictamente, porque, según las pruebas,
que Bárcenas fue enviado en comisión tal vez.

12

Ese acto de barbarie alucinó a Zapata,
y lo hizo caer al fango de la credulidad,
aliándose a un infame que atraído por su audacia
premeditó los planes de alevosía y ventaja,
para acabarlo al golpe de una traición falaz.

13

Después, viendo el efecto que producido en Zapata
aquella acción funesta le dijo con placer:
- Con el mayor respeto le pido a usted por gracia
que me otorgue el derecho de tomar una plaza,
y esa plaza en cuenta es Jonacatepec.

14

Zapata contestole: -Le otorgo a usted esa gracia,
puede ir a tomarla con mucha precaución.
Pero aquel hombre noble no vio que era una farsa
de cómicos histriones pagados por Carranza,
para que el Plan de Ayala muriera en su extensión.

15

El fuego fue nutrido por una y otra parte,
en ambos combatientes mostrábase el furor,
pero lo más lucido fue que en tan cruel desastre
ni un muerto ni un herido resultó en el combate:
los proyectiles siempre obraban a favor.

16

De allí, cual un esparta [sic], marchó hacia Tepalcingo,
después del simulacro que vil premeditó,
y el general Zapata, aquel digno caudillo,
sobre su encuentro marcha con gusto a recibirlo,
felicitando grato su indómito valor.

17

En medio de alborozo y vítores del pueblo,
entró [sic] el jefe y Guajardo con gran satisfacción;
después de un fiel reposo, Guajardo fue el primero
que marchó presuroso, cual Napoleón Tercero,
a San Juan Chinameca, fraguando su traición.

18

Guajardo, al separarse del gran jefe suriano,
a San Juan Chinameca gustoso lo invitó,
para obsequiarle parque que traía de antemano,
pero en sus negras frases sólo se veía el engaño
envuelto en su siniestra política de horror.

19

Al otro día, Zapata marchó hacia Chinameca
con ciento cincuenta hombres de escolta nada más,
adonde lo esperaba Guajardo con firmeza,
un viernes, por desgracia, el diez de abril por fecha,
con seiscientos dragones para su acción falaz.

20

Del Agua de los Patos, según dan referencia,
llega el jefe Zapata con una escolta fiel;
según ligeros datos, a las siete cuarenta,
en un pequeño cuarto contiguo hacia la hacienda
Guajardo y otros jefes se reunieron con él.

21

Para no errar el golpe, Guajardo urdió la espuria
noticia que el gobierno se acercaba veloz;
ocupaban entonces sus hombres las alturas,
los barrancos y valles, [ con] la mayor premura,
tapando las salidas con mucha precaución.

22

Zapata remontóse a la Piedra Encimada,
mientras el vil Guajardo su gente disponía;
todavía el Iscariote le dijo que ordenara
si es que salía a galope llevando una avanzada
de gente de a caballo, o pura infantería.

23

- Hay muchos alambrados, y la caballería
en tales circunstancias no se podrá batir;
mejor lleve soldados de pura infantería,
que el éxito ganado será por su hidalguía,
mientras yo a retaguardia me quedo a combatir.

24

Después cesó la alarma, todo quedó tranquilo;
era el último acto de aquel drama fatal.
Mandó que lo invitara el capitán Castillo,
para que le entregara el parque prometido,
y aquel noble espartano marchó sin vacilar.

25

Le dijo a su asistente: "Ve y tráeme mi caballo,
que el coronel me llama a su cuartel de honor".
Con diez de sus jinetes se fue a ver a Guajardo,
pues siempre los valientes no temen al menguado,
porque su escudo de armas es sólo el pundonor.

26

Cuando tuvieron nota que el general llegaba,
la banda de clarines le dio el toque de honor;
la guardia presurosa al verlo presentó armas;
después se oyó la odiosa y fúnebre descarga,
cayendo el invencible Zapata, ¡oh, qué dolor!

27

Guajardo se soñaba cual hacía un Alejandro,
cuando vio al suriano tendido hacia sus pies;
mandó que atravesaran su cuerpo en un caballo,
para que lo llevara como un trofeo alcanzado
a Cuautla, y se premiara su negra avilantez.

28

Al ver Pablo González llegar al vencedor
trayendo al que luchaba constante y varonil,
¡oh!, cuántas atenciones al fin le prodigó,
condecorando innoble su astucia, y no el valor,
porque su limpia espada nunca supo medir.

29

Varios hombres lloraban al ver el triste fin
del hombre que luchaba por un bien nacional;
las mujeres trocaban en rabia su gemir,
al ver la declarada traición del hombre vil
que hablarle cara a cara no pudo en lance tal.

30

Los guachos altaneros bajaban por las calles
burlándose falaces del pueblo espectador:
"Hoy sí, hijos de Morelos, ya se acabó su padre;
bien pueden ir a verlo y a identificarle:
Guajardo, en leal combate, peleando lo mató".

31

Zapata fue el bandido por la alta aristocracia,
mas a la vez ignoro su criminalidad:
en su panteón lucido un ángel se destaca,
trayendo en mano un libro donde se lee entusiasta
"La tierra es para todos, y el don de libertad".

32

El año diez y nueve, el diez de abril por fecha,
murió el jefe Zapata, como bien lo sabrán,
del modo más aleve, en San Juan Chinameca,
a la una y media breve de esa tarde siniestra,
dejando una era grata hacia la humanidad.

 

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Fuente:

Guillermo Bonfil Batalla, Teresa Rojas Rabiela y
Ricardo Pérez Montfort. Corridos, trovas y
bolas de la región Amecameca - Cuautla.
Colección de don Miguelito Salomón.
Colaboración de Raúl Eduardo González.
Fondo de Cultura Económica, CIESAS, UMSNH, CM.
México, primera edición 2018. Páginas 196 a 199.

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