EL CORRIDO DE LAS
COMADRES

Autor: Marciano Silva.

Ahora vengo a noticiarte comadrita
unas notas que en la calle recogí,
que los bravos y temibles carrancistas,
esta noche se han pelado ya de aquí.

No es posible que los constitucionalistas
que esta noche se hayan ido ya de aquí,
ya usted sabe, son valientes y aguerridos
con las vacas no se arredran a reñir.

Qué no ha visto, comadrita, en las trincheras,
unas papas que escribieron a la vez:
ya nos vamos de sus tierras, viejas fieras,
no se alegren que tenemos que volver.

La brigada que en esta plaza impera
unida con la de Jonacatepec,
son valientes con ellos, nomás tres piedras
y un tepetate para rejonear después.

Allá en Treinta con el general Maisanchos
y Tavera, y los demás generales,
pues "El Mole" les ha servido de empacho,
no aguardaron ni siquiera los tamales.

De Cuernavaca salieron con gran recelo
con sus trenes sin hacer ningún alarde,
porque pensaban que allí estaría "Tío Bebo"
que ese día acabaría con los cobardes.

Usted ha visto cómo destruyeron las casas
y rajaban sus maderas en montón,
en Palacio vendían la leña a sus "guachas"
tres palitos por dos reales o tostón.

Me despido, comadrita, porque es tarde
ai mañana seguimos la versión,
no sea que vaya a venir ya su compadre
y me juzgue carrancista de ocasión.

Mejor perro, comadrita, y no un cobarde,
un cobarde o mendigo de ocasión,
zapatistas aunque al mundo no le cuadre
y aunque viejas no cambiamos de opinión.

 

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Fuentes:

Gilberto Vélez. Corridos Mexicanos.
Editores Mexicanos Unidos. 3a. edición,
Octubre 1990. México, p. 18.

Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana
Tomo IV
Por Valentín López González, Instituto Nacional
de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana,
México, 1991, p. 359-360

Anónimo. Corridos zapatistas. Colección Biblioteca
Latinoamericana. Libros en Red. 2004, 67pp.
Nota: En este texto se consigna al autor como anónimo.

Agur Arredondo Torres. Los Valientes de Zapata.
Guerrilleros de la zona sur del estado de Morelos
y del norte de Guerrero
. Unidad de Culturas Populares
e Indígenas del Instituto de Cultura de Morelos.
Cuernavaca, Morelos, México. 2002, p. 183-186.

Barreto Mark, Carlos. Los corridos de Marciano Silva.
Gobierno del Estado de Morelos. Dirección de
Investigaciones Históricas y Asuntos Culturales,
INAR. Cuernavaca, Morelos.
Se terminó de imprimir el día
29 de marzo de 1984. p. 31-32.

Catalina H. de Giménez. Así cantaban la Revolución.
Consejo para la Cultura y las Artes / Editorial Grijalbo.
Primera edición 1990. México, p. 371-374.

Cantado por Genaro Aguirre, de Oacalco, Morelos.

La versión de Catalina H. de Giménez es diferente
de las otras, por lo que la incluyo a continuación.
Lleva el título de Las comadritas.

Ver índice de todos los corridos

Las comadritas

Sólo vengo a noticiarte comadrita
unas notas que en la calle recogí:
que los bravos y temibles carrancistas
esta noche se pelaron ya de aquí.

No es posible, los constitucionalistas
son tan hombres y no corren en la lid,
ya usted sabe cuando a pelear se dedican
con las vacas no se arredran, eso sí.

Pues anoche se pelaron, comadrita,
según dicen unas viejas por ahí;
porque dicen que don Venus necesita
del auxilio de sus tropas que hay aquí.

Pues entonces fue más gloria en los huertistas
que buscaron pleno día para partir,
aunque Rojas los batió según noticias
cinco días no dieron tanto qué decir.

Pues quién sabe los bravos del noroeste
que bajaron como leones a este plan,
esta noche se pelaron de casquete;
no esperaron ni a la vez el chambelán.

Unos dicen que porque su presidente
fue llamado a las regiones de satán,
y otros no, que su Villa se halla al frente
de sus tropas frente de Tenochtitlán.

Lo cierto es que se pelaron, comadrita,
como Huerta y sus legiones, eso sí,
y de noche para que los zapatistas
no los vieran y los fueran a abatir.

¡Qué vergüenza que por lauros de conquista
sólo llevan un letrero y dice así:
pobres rupas vengan sobre las cenizas
de sus bravos compañeros a gemir!

No'aste visto comadrita en las trincheras
unas papas que escribieron a la vez
estos bravos antes de pegar carrera
cuyo bravo contenido así se lee:

La brigada que aquí en esta plaza impera
en unión de los de Jonacatepec,
cuenta ya con cien mil hombres en la guerra
para el triunfo de su causa y ha de ser.

Ya nos vamos porque así se nos decreta
no por miedo, pues tenemos de volver,
y entonces, ¡ay de aquellas ordas necias!
les haremos una guerra sin cuartel.

Le interrumpo comadrita su contesta,
pero el miedo también me infunde a la vez:
amenazan para ver si se amedrenta
al rival a quien tratan de ofender.

Y si firman esos jefes, comadrita,
por supuesto comadrita, uno es Mariel
un Maicón o maricón según noticia,
un Guanaco, un lechuga o betabel.

Un don Eusebio Galindo o ciega lipa
y otras mulas que vinieron de alquiler
a cargar lo que en los pueblos por desdicha
encontraban de los pobres sin temer.

Una cosa es sorprendente, comadrita,
es el ver esas columnas tan insanas,
asquerosas, muertas de hambre, que no tienen
más que el robo como sostén de campaña.

Como dicen que a don Venus lo sostienen
millonarios que le envían dinero y armas,
pues entonces, comadrita, se comprende
que es un hombre criminal que no tiene alma.

Si usted viera cómo destruían las casas
y rajaban sus maderas en montón,
y en palacio vendían la leña sus guachas,
tres palitos por dos reales o tostón.

Vendían platos, vendían cucharas y tazas,
vendían carne de ternera o de lechón;
ya ve usted: fueron soldados y piratas,
comerciantes y mendigos de ocasión.

Ya tan sólo nos dejaron la existencia
y desnudas, comadrita, y sin comer,
con el puve hacia afuera o en presencia
de las lúbricas miradas de otro ser.

Pero el cielo les dará su recompensa,
eso sí, ya comenzaron a perder;
ya usted vio lo que sufrieron allá en Treinta,
en Jojutla y Cocoyoc la última vez.

Y se van agradecidos de esta tierra
donde al fin nada tuvieron qué desear,
con Zapata y con don Ceferino Ortega,
Jorge Méndez y con Constancio Falfán.

Don Morelos hacia el norte allá en la sierra
con Everardo y con don Antonio Beltrán,
los llenaron de favor en mil tragedias
y si vuelven sólo el polvo encontrarán.

Me despido, comadrita, porque es tarde,
ya mañana seguiremos la cuestión;
ya sea el diablo que me halle su compadre
y me juzgue carrancista en excursión.

Yo mejor para comadrita y no un cobarde,
y no un sobrenombre de un ser sin reputación;
zapatista y aunque al vulgo no le cuadre,
aunque viejas no cambiamos de opinión.